De esperpentos jurídicos.

Debido a nuestra particular deformación académica, siempre hemos analizado la legislación con un particular dejo de escepticismo y hasta de sorpresa en las más de las ocasiones, ello debido a la especial filosofía de arrabal con la que nuestros ínclitos legisladores han ido conformando eso que se llama el orden jurídico nacional.

Bien sabemos que el mundo de las leyes pertenece al llamado “deber ser”, es decir, que las normas jurídicas nos dictan una serie de directrices que los particulares y las autoridades debemos acatar y cumplir para no violarlas, por lo cual, deberíamos comportarnos de determinada manera, aunque sea otro el mundo de la realidad. Por ejemplo, es claro que los mandatos legales nos prohíben matar, pues nos imponen una sanción en caso de hacerlo, pero ello no obsta a que en nuestro país se cometan decenas o cientos o miles de homicidios cada mes, o cada año, o cada cierto tiempo, dependiendo de la época histórica que nos toca vivir, por lo cual, vamos a encontrar una discrepancia notoria entre lo fáctico de lo cotidiano y el mundo ideal de lo jurídico. En tal virtud, se dice, como anotábamos, que el mundo de las leyes es un mundo ideal, lo que “debiera ser”.

Se supone que en estas reglas obligatorias se expresan, en esencia, los valores que profesa determinada sociedad en una época y lugar determinado. Existen valores que se han catalogado de universales, por estar protegidos por casi todos los sistemas jurídicos a través de los países y de los tiempos: la vida, las libertades, la propiedad privada, el domicilio, la salud, y muchos otros, son ejemplo de ello.

El problema es cuando los hacedores y deshacedores de entuertos legales no comprenden o no distinguen, o si lo hacen les vale un carajo, entre estas dos esferas que hemos comentado: la realidad y el mundo ideal del deber ser, y pretenden que cambiando o emitiendo nuevas leyes, van a cambiar, por ese sólo hecho, la triste objetividad circundante.

Y es aquí cuando nos encontramos con diversos ejemplos cotidianos, tanto en la legislación federal, como en la de los estados miembros que conforman esta desarrapada nación, de lo que denominaremos como “esperpentos jurídicos”, es decir, alucinaciones legaloides, disparatadas, absurdas y ridículas de politiquillos o intentos de políticos que pululan a lo largo y ancho del territorio, y que pretenden darnos atole con el dedo a todos, mediante propuestas de reformas legales o de nuevas normas jurídicas para solucionar problemas muy sentidos socialmente.

Uno de los ejemplos es la propuesta de reformas legislativas hecha por un partido político, de cuyo nombre no voy a mencionar pues no se tratan estas líneas de una arenga en contra de persona o institución alguna, hace algunos años para imponer a los secuestradores penas de hasta mil años de prisión. Es obvio que esta iniciativa, aprobada, por cierto, fue hecha con tintes meramente políticos, para llevar agua al molino, como se dice, pues el hecho de que se aumenten las penas por la comisión de una conducta ilícita, no va a disminuir la incidencia delictiva, pues si ello fuera así, vamos, de una vez, a imponer penas de diez mil años a casi todos los crímenes que se cometen en este país, y se acabó el asunto de la delincuencia. Lo que realmente incide en bajar la tasa delictiva es el temor de los criminales a ser castigados, es decir, la alta probabilidad de hacerlos pagar sus conductas antisociales, no la gravedad de las penas escritas en hielo en una ley que probablemente ni conozcan.

Por ello llamo a esta tergiversación de la verdad como un “esperpento”, pues esta palabra tiene el significado de ser una cosa fea y ridícula, una actitud disparatada o absurda, grotesca o una representación deformada y hasta degradada de la realidad, un hecho grotesco o desatinado.

Pero así actúan nuestros contemporáneos detentadores temporales del poder público, el cual que les hemos desatinadamente concedido mediante el llamado sufragio universal, y precisamente, con base en este concepto comenzaremos una serie no lineal ni sucesiva de colaboraciones en las cuales analizaremos muchos de los “esperpentos jurídicos” que están plasmados con letras de oro en la Constitución, las leyes y los reglamentos nacionales.

343 total views, 4 views today

Comparte esto:

Comentarios