De Iatrogenias.

Por: Dr. José Guadalupe Estrada Rodríguez.

En la semana pasada se suscitaron en varias partes del país diversas movilizaciones colectivas de médicos que salieron a las calles a protestar en defensa férrea de sus derechos, sintiéndose agraviados en los mismos y aduciendo que el Estado mexicano tenía la intención de criminalizar su práctica milenaria. El revuelo de galenos fue provocado porque en el lejanísimo estado de Oaxaca están procesando a uno de sus colegas, acusándolo de haber cometido un delito doloso en el tratamiento de un paciente que murió debido, al parecer, a una mala práctica médica.

De una construcción periodística, pues no hemos tenido acceso a fuentes más confiables de información, lo que podemos conocer es que un médico atendió a un niño de una fractura en un brazo, sometiéndolo a una intervención quirúrgica donde fue anestesiado. Lamentablemente, y debido, al parecer, a la carencia de todos los recursos necesarios e indispensables para atender emergencias, el paciente falleció ya que no se le proporcionaron con rapidez y eficacia los auxilios indispensables para que pudiera sobrevivir, ya que no se tenían todos los equipos y elementos para tal efecto.

Como consecuencia de este deceso, el facultativo mencionado fue denunciado y sometido a proceso penal, donde en un inicio el juez determinó que iba a ser procesado como responsable de homicidio doloso, argumentándose que se estaba en presencia del llamado “dolo eventual”.

Sin pretender realizar un análisis exhaustivo del garrafal error en que incurrió el juzgador al considerar la probable conducta delictiva aquí mencionada, si comentaremos que existen doctrinas en el derecho penal y opiniones muy sutiles para diferenciar las conductas que son intencionales y las que son culposas. Casi todos entendemos lo que es una acción dolosa o intencional, que es cuando un sujeto, en términos generales, se propone realizar alguna conducta o producir un resultado con plena intención y conocimiento de lo que está haciendo: salgo a la calle con mi pistola para matar el perro que está enfrente, le disparo y lo mato. En este trivial ejemplo, nos encontramos ante una conducta dolosa. En cambio, las conductas culposas, para el derecho penal, se producen, en términos generales, por una falta de atención, de cuidado o de prudencia en el sujeto, el cual no quiere producir un daño, que, sin embargo, se produce por esa falta de diligencia en el actuar: salgo a la calle en mi coche, de reversa, y por no fijarme si existe

algún obstáculo atrás, atropello a una persona, por no haberme percatado ni tomar el deber de diligencia de voltear a ver si no hay nadie atrás.

No obstante que casi todos tenemos una idea clara de la diferencia entre estos dos tipos de actuar humano, en la dogmática penal hay dos tipos de dolo y culpa que se entremezclan, enlazan, confunden y mezclan, y que algunos estudiosos consideran caen en una u otra clasificación. Me refiero al llamado “dolo eventual” y a la “culpa consciente o con representación”.

Los estudiosos de esta rama del derecho dicen que hay dolo eventual cuando el sujeto prevé como posible el resultado o daño que causa y se conforma con él. En este tipo de dolo, el delincuente dirige su comportamiento hacia un fin del cual se deriva un resultado o daño, el cual se previó como posible, y que el sujeto, sin quererlo, pero sin modificar su comportamiento, sigue con su actuar y asume el riesgo relativo. El ejemplo típico de este tipo de conducta es cuando una banda decide robar un banco, y en el acaecer del asalto, uno de los miembros mata a un guardia de seguridad que les impedía la huida. Aquí los otros cómplices que no dispararon, no pueden alegar que no son responsables del homicidio, porque si bien es cierto su intención era el robo, los delincuentes asumen todas las consecuencias que se deriven de su actuar.

En cambio, en la llamada culpa consciente o con representación, el autor del delito despliega una conducta con la confianza de que el resultado o daño que causa no se produzca, no siendo su intención el producirlo. Ejemplo clásico de este comportamiento es cuando un médico, sin contar con todos los elementos y herramientas, para realizar una intervención quirúrgica, y con la intención de salvar a un paciente o cobrar sus honorarios, no obstante ello, se arriesga a realizar el procedimiento quirúrgico.

Sutiles diferencias de opinión en los jueces que pueden hacer que un galeno sea juzgado con mayor o menor severidad.

Pregunto: En el ejemplo, ¿Será dolo eventual si el médico actúa sólo movido por fines mercantiles o económicos?

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