Epístola A Evo

Don Evo Morales, Eminentísimo Ex Presidente exiliado de la hermana Ex República de Bolivia: lamento decirte que eres recibido con mucho escepticismo a estas tierras por la mayor parte del pueblo de México. Trataré de explicar mis reflexiones, sustentadas más en una casi extinta ortodoxia que tiene su origen en la forma de pensar de una racionalidad del Siglo de las Luces, esa forma de pensar a quien ya casi nadie acude para fundamentar sus peroratas más recónditas, dada la vigencia actual de eso que se denomina post verdad, cimiento indiscutible de todos los populismos latinoamericanos y mundiales y respecto de los cuales tú eres un vástago prominente.

Comenzaré por mencionar parte de tu historia y simplemente referiremos los hechos que son notorios e indiscutibles: llegaste de manera democrática a ocupar la máxima magistratura de tu natal país, en un contexto, como el de muchas naciones, de demandas sentidas de libertad, igualdad, justicia, prosperidad económica y tantas y tantas carencias de este mundo que trae hijos sin ton ni son y, lo que es peor, sin su torta bajo el brazo, como aquí decimos. Según refieren tus acólitos, otrora incondicionales, hiciste cosas buenas, como lograr que Bolivia fuera el país de mayor crecimiento económico en toda América Latina en la última década, dicen que sacaste a mucha gente de la pobreza e implementaste reformas económicas y sociales que favorecieron a muchos. Pero no se te olvide que precisamente para eso llegaste al poder, para estructurar acciones en beneficio colectivo, y tampoco soslayes que para esto te pagaban un sueldo o emolumento, supongo justo y adecuado a tus otrora elevadísimas encomiendas públicas. Porque debes de comprender que en las modernas democracias, como supongo tu país aspira a convertirse en una de ellas, los cargos populares son temporales, efímeros y sujetos a caducidad cronológica, pues es aspiración indiscutible de la contemporánea humanidad el dejar atrás las monarquías perpetuas y hereditarias, instituciones vetustas de sistemas que privilegian la cuna de nacimiento, las franquicias sanguíneas eternas, las riquezas sin mérito y que fueron abolidas ya hace centenares de años en casi toda la faz de la tierra. Vivimos en el siglo XXI, no se te olvide.

Como paréntesis malsano, te refiero que tus detractores dicen otra cosa a cerca de tu aparente éxito: que robaste a manos llenas, tú y tu camarilla, que simplemente la bonanza de Bolivia en tu gestión se debió a un precio excepcionalmente alto de las materias primas y que engañaste a las colectividades ignaras de por allá haciéndoles creer que regalar dinero a manos llenas entre tus prosélitos vía programas sociales, era la implantación de un novísimo modelo económico, siendo que esto es insostenible, como ya la historia lo ha demostrado en multiplicidad de veces (Andrés Oppenheimer dixit). No obstante estas lenguas viperinas en tu contra te daré el beneficio de la duda, pues mis entendimientos limitados sobre tu persona me excusarán de considerarte un ser del averno y parto de la idea que fuiste tú y tus circunstancias.

¿Qué pasó contigo, entonces? Suponemos, y aquí entraremos en el terreno de las especulaciones racionales y lógicas, que no de los onanismos mentales, decía, conjeturamos que te embriagaste de eso que se llama poder, defecto inveterado de todos esos Hitlercitos de Barrio, autonombrados salvadores del género humano y que, lamentablemente, son una plaga con la que empezamos a lidiar en todas las latitudes terrestres, sean de derecha, de izquierda, de países ricos o pobres, y a quienes los mejores pensadores han intitulado con el calificativo de líderes populistas, entonces, te comentaba, te alcoholizaste de esa sensación de supremacía y autoridad divina que se experimenta al estar sentado en la silla presidencial, y, unilaterlamente, decidiste que tú, sólo tú, y nada más que tú, encarnaba de viva voz y de cuerpo presente a ese mesías que salvaría de la jodidez ancestral a tu patria, violando cuanta disposición constitucional y legal existiera para lograr tu misión celestial, reeligiéndote sin ton ni son e implementando las más burdas maniobras para lograr defraudar electoralmente a tus conciudadanos. Te pasaste de tueste (aquí así se dice).

Te comento, sin ánimos de echarle limón a la herida que ya ostentas, que pudiste haber pasado a la historia como el mejor, o uno de los mejores mandatarios de la historia de Bolivia, lo anterior si hubieses reprimido a tiempo esas ansias subconscientes que te llevaron a abrazar el más rancio catecismo antidemocrático de las reelecciones ad infinitum, peculiar de decrépitos intentos de estadista, nativos de países bananeros.

En fin, el hubiera no existe, reza la sentencia inveterada que ya estás padeciendo en carne propia, y ahora te hallas abortado, excretado y sacado de tu terruño por la puerta trasera, recibido aquí, qué ironías de la vida, por la puerta principal, como un César de la Antigua Roma premiado con un Triunfo por haber conquistado el mundo entero.

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