La encrucijada de la Suprema Corte.

Por: Dr. José Guadalupe Estrada Rodríguez.

La confrontación abierta entre el Poder Ejecutivo Federal y la Suprema Corte de Justicia de la Nación (incluyendo al Poder Judicial Federal, en general) por las acciones legales y determinaciones suscitadas con motivo de la impugnación de la Ley de Remuneraciones, ha ido subiendo de tono, y todavía no tenemos una idea clara de la forma como terminará. Lo que si tenemos es la perspectiva de que los representantes del Poder Judicial perderán de alguna o de otra manera, irremediablemente.

Los representantes legítimos e ilegítimos de la 4T (Cuarta Transformación) han reiterado los fundamentos filosóficos de la llamada Austeridad Republicana, haciendo énfasis en que una de las directrices elementales para llegar a este estado ideal de cosas es  la reducción de sueldos a rajatabla de toda la burocracia federal, habiendo establecido como límite de la decencia salarial lo que percibibe el mismo Presidente de la República.

Ya se han gastado mares enteros de tinta y papel para demostrar que los ínclitos Ministros del Máximo Tribunal de Justicia exceden hasta en seis veces ese límite a la decencia republicana mencionada. Motivo que ha causado un escozor bíblico tanto entre los miembros de la 4T como entre los que perciben esos emolumentos de ensueño. Los unos, seguramente, haciendo demostración fáctica de esa máxima histórica que mandata que uno de los cuatro sentimientos básicos que mueven a la humanidad es precisamente la envidia. Los otros, también, reiterando la aplicabilidad sin excepción de esa ley universal que establece que el perro con hueso en la boca ya no lo suelta, aunque lo maten. Y allí, ambos grupos de representantes, confirmando que la humanidad sigue siendo la misma desde hace algunos cien mil años, cuando se formaron nuestros actuales genes y decidimos asentarnos en cuevas neolíticas.

Según los cerebros más avezados en los estudios sobre el fenómeno del poder, hay cuatro razones primordiales por las cuales el poder que administra la justicia en este país va a perder la gresca multicitada.

La primera de ellas obedece a que, en verdad, los emolumentos que perciben los autonombrados, ahora sí, guardianes y defensores de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, son verdaderamente altos. Algo así como seiscientos mil pesos libres de polvo y paja al mes. Si revisamos los estipendios percibidos por cualquier titular de la máxima toga de cualquier país civilizado, encontraremos que no se acercan ni tantito a lo percibidos en esta nación, donde la mitad de la gente es pobre.

La segunda razón es que en esta controversia sobre la Ley de Remuneraciones, que obliga a bajar el sueldo a todo mundo que gane más que el Presidente, los miembros del Poder Judicial Federal, en general, se han centrado, egoístamente, en defender sus personalísimas prebendas y emolumentos, más que en luchar, por ejemplo, por mantener la independencia de poderes. Han asimilado o igualado el mantener sus prestaciones laborales con la defensa de la autonomía e independencia judiciales. Craso error.

Otra situación adversa que enfrentan los miembros de este judicial poder es la gran cantidad de trapos sucios que tienen en casa, como esas situaciones kafkianas de nepotismo al interior de los órganos jurisdiccionales, donde sólo les falta dar de alta en nómina a sus mascotas. Se han documentado casos de titulares de juzgados o tribunales que tienen a toda la parentela, tanto por consanguinidad, como por afinidad, cobrando como sus subordinados, o en el mejor de los casos, con estrategias cruzadas donde un juez o magistrado contrata a toda la parentela de otro en reciprocidad.

Y finalmente, los miembros del Poder encargado de impartir justicia federal, no han entendido que ahora están en la arena política, y han tratado de resguardarse con argumentos netamente jurídicos, los cuales no les servirán de mucho ante esas muchedumbres ansiosas de justicia… y de culpables.

Alea jacta est.

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