POCO EL TIEMPO Y MAL GASTADO

Falta tiempo, pero el poco que hay, se malgasta por quienes en vez de preguntar felicitan, en vez de repicar agradecen a los funcionarios que hayan acudido, como si estuvieran haciendo el favor y no cumpliendo una obligación plasmada en la Constitución. La lambisconería hace muy malos funcionarios y constituye un espectáculo que da pena.

Falta tiempo porque el Poder Legislativo está estructurado para que le falte tiempo, dos recesos al año excesivamente prolongados, ausencia de normas disciplinarias efectivas para quien no asiste, llega tarde o pasa lista y se va, basta escribir un texto solicitando permiso para que se le otorgue, si invoca problemas de salud su palabra basta, el tiempo dedicado a placearse junto al gobernador es sagrado y que el mundo ruede, recorrer el distrito pertrechado de “herramientas legislativas” es obligado, etcétera.

El formato que tantos reniegos genera es el único posible en un Poder Legislativo al que sus integrantes le dedican el tiempo que les sobra al grito de “a presídium dado no se le pone peros”

La cultura del silencio no impide rencillas entre ocupantes del mismo cargo en tiempos diferentes y sus respectivos equipos, en Zacatecas las pandillas sexenales dominan la escena, se dicen de todo, se desprestigian unos a otros, pero de allí no pasa, como si todo lo que entre ellos se endilgan no fuera delictivo o merecedor de sanciones administrativas: nadie reintegra recursos, nadie comparece ante tribunales, todo queda en “quemada” mediática que pronto se evapora.

MENOS PRUDENCIA Y MÁS FRANQUEZA

Al antecesor al que se mina con versiones esparcidas se le deja en la indefensión porque en concreto nadie lo acusa y de nada se le acusa aunque su fama pública sea festín de hienas sigilosas, sin la tradición del silencio el inocente tendría ocasión de preservar su honor pero así ¿cómo?

La cultura del silencio se revierte contra el que calla en nombre de “la prudencia” incivil, las anomalías heredades y de difícil erradicación terminan por envolver al funcionario contemporáneo y a su antecesor en el mismo charco de lodo y muy pronto se hace difícil distinguir entre la culpa heredada y la culpa propia aunque el daño mayor consiste en que su silencio es renuncia a la comprensión social de sus circunstancias y al apoyo que de ello se deriva

Gobernar en tiempos de vientos huracanados reclama menos prudencia y más franqueza para concitar el apoyo de la gente. Si la Secretaría de Educación se recibió con “aviadores” políticamente vigentes, ¿por qué callarlo? ¿acaso la sociedad no tiene derecho a saber de quién cuidarse?

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