El Reality Show del segundo debate

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*Pedro de León Mojarro

A todas luces y por donde se le vea, el segundo debata resultó un fracaso: una temática barroca, difícil de explicar y mucho más difícil de entender; dos moderadores que más bien asumieron el papel de cancerberos; con un horario que le dio prioridad al futbol; y lo inevitable, los urgentes y necesario ataques de unos contra otros, para ver si con eso se mueve el score.

Novedoso por el público presente, pero “como invitados de piedra”, por lo que vimos hasta moverse les prohibieron.

Si la temática complicaba la exposición de los candidatos, las preguntas terminaron por enredarlos más que un queso oaxaqueño.

Lamentablemente, antes que propuestas hubo ocurrencias y hasta actuaciones chuscas, curiosamente la mayoría de López Obrador.

“Voy a cuidar mi cartera”; “Ricky, Riquín, canallín”; la petición del abrazo entre Anaya y Meade; la expropiación de Banamex, pasando por subir el salario mínimo hasta $350.00 pesos; la acusación a Nestora Salgado de secuestradora y varias más, nada más allá de lugares comunes y de frases trilladas.

Como lo dice Diego Valadés, “veamos lo que tenemos por delante. El futuro se acerca y los dirigentes siguen debatiendo a partir de generalidades que les producen votos, reiterando posiciones y argumentos más o menos elementales…”.

Falta el tercer y último debate, que será más o menos en 20 días, ojalá que dirigentes y candidatos se pudieran poner de acuerdo para que fuera un ejercicio de autocrítica frente a las terribles omisiones de toda la clase política mexicana, además de sintetizar las propuestas junto con un compromiso ineludible antes los electores de las coincidencias más allá de las alianzas y los colores partidarios sobre los grandes problemas nacionales como lo proponía a principios del siglo XIX Andrés Molina Enríquez.

Por cierto, nada distantes los problemas de hace un siglo con los de la actualidad. La diferencia es que ahora somos casi 100 millones más de habitantes; una sociedad mucho más informada y paradójicamente mucho más actuante e inconforme con el gobierno y sus resultados; es lo que explica la ventaja de López Obrador frente a sus contrincantes.

Muchos considerábamos que el segundo debate sería el definitivo para marcar el destino de la elección; incuestionablemente no fue así, el segundo debate fue un desperdicio. No queda más que esperar al día 12 de junio al tercer debate, (el que defina la próxima elección) en el que, lo más probable es que los candidatos lleguen en el nivel en el que están: López Obrador en el primero, Ricardo Anaya en el segundo y José Antonio Meade en el tercero.

Sería mucho pedir a las fuerzas políticas en contienda que el 12 de junio, antes del debate suscriban un documento en el que se comprometan, gane quien gane la elección con la gobernabilidad y el Estado de Derecho; el combate a la impunidad y la corrupción; un futuro mejor para los de abajo y para los millones de jóvenes que deambulan sin futuro ni destino. Este sería el ¿QUÉ?, el ¿CÓMO? Lo explicarían los candidatos en el tercer debate.

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