La política de la pandemia

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Por: Dr. José G. Estrada

Hace ya varios años el periodista Andrés Oppenheimer escribía en un libro, a propósito de un excelente análisis que realizaba sobre el estado de cosas de la educación en varios países del mundo, pero, sobre todo, centrándose en América Latina, que “la educación es una cosa tan, pero tan importante, como para dejarla en manos de los políticos…” Por supuesto no recuerdo si estas fueron las palabras exactas, pero esa era la idea, en el sentido de que gran parte del atraso en todos los sentidos que se da por estas latitudes se debe precisamente a que las materias y las decisiones más importantes para la sociedad en general se han dejado al imprudente arbitrio de una lista interminable de sátrapas, por no decir menos, que nos han gobernado desde que tengo memoria.

La frase en comento también puede hacer alusión a que es necesario, en estos tercermundistas andurriales, concebir y estructurar instituciones permanentes y eficaces, integradas por los mejores profesionistas y técnicos de que dispone un conglomerado para que, precisamente sean ellos, los que realicen e implementen los programas y soluciones a las materias que tienen siglos sin atenderse y resolverse de una manera adecuada. Particularmente en México podemos citar, sólo por mencionar una lista que se puede ampliar a voluntad: educación, salud, servicios públicos, comunicaciones, seguridad, economía, pobreza, justicia, etcétera.

No podemos imaginar un país moderno y funcional donde las decisiones más trascendentes no sean tomadas precisamente por quienes poseen los conocimientos y las habilidades técnicas suficientes para ello. Es de locura pensar, por ejemplo, que le vamos a dejar a un cocinero la conducción del avión que nos llevará a un determinado destino, que un arriero de burros pudiera realizar una operación a corazón abierto, o simplemente que el raterillo de la esquina vaya a juzgar un caso de nulidad de un fideicomiso.

A pesar de que las afirmaciones anteriores pertenecen a las verdades que es posible entender hasta por sentido común, a nivel general seguimos permitiendo que las personalidades menos aptas y capacitadas tomen las decisiones más trascendentes que afectan a las colectividades. Ya ni siquiera vale la pena poner ejemplos pasados o presentes o futuros inminentes, por riesgo a caer simplemente en la maledicencia y mala voluntad que siempre se atribuye a las plumas que redactan diatribas como la presente, pues según las últimas noticias que hemos tenido, se ha instaurado como una

moda contemporánea el realizar nombramientos de funcionarios basados más en sus cuestionables cualidades morales que en su capacidad técnica probada.

Y allí tenemos como un patrón notorio de nuestra ignara clase política el convertirse en expertos sobre los diversos temas, acontecimientos y catástrofes que se ciernen sobre las pluralidades desarrapadas: que si hay un ciclón devastador, vemos con absoluta estupefacción y pena ajena a nuestros figurines emitir doctísimas opiniones sobre los vientos alisios y contralisios, sobre el aumento y disminución de la presión atmosférica y sobre el número exacto de gotas de lluvia que contiene cada metro cúbico de nube; que si otro terremoto en la Ciudad de México, allí tenemos a esos mismos intentos de dirigentes dándonos cátedras sobre las placas tectónicas, la chiclosidad de los suelos de esos lares y el pecado no pagado de Moctezuma; eso sí, si los índices delictivos se van a las nubes, a lo único que atinan es subir la penalidad a mil años por voltear a ver lascivamente a una mujer.

Ahora con esta supuesta pandemia que se nos viene encima como un perro rabioso, allí volvemos a soportar a nuestros ínclitos representantes populares dándonos consejos sanitarios para prevenir el contagio, explicándonos a detalle el origen mesozoico del innombrable bicho y los últimos adelantos biotecnológicos de hace pocos minutos, realizados por la industria farmacéutica trasnacional y que milagrosamente volverán a salvar, una vez más, y a costa de billones y billones de dólares que se transferirán a sus ganancias, a la humanidad entera.

Correo Electrónico:

estradagp@hotmail.co

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