ColumnasDr. Guadalupe Estrada R.

Virando hacia la Derecha

Virando hacia la Derecha

Por: Dr. José Guadalupe Estrada.

Aunque ya lo negaron por estos lares de la manera como lo hacen todos los que tienen temor de lo inminente, desgarrándose las vestiduras, pues, el viraje hacia la llamada derecha política en América Latina es ya cuestión de tiempo, lo certificaremos a su debido momento, y eso que todavía no ejercemos las artes de la adivinación.

¿Las razones? Múltiples, variadas, interesantes y hasta cierto punto lógicas y consecuentes. El regreso (o fortalecimiento) de regímenes y gobiernos de derecha en América Latina en los últimos años no se explica por una sola causa, sino por una combinación de factores económicos, sociales, culturales y políticos.

En muchos países hubo expectativas altas con los llamados gobiernos “progresistas” o de izquierda, pero persistieron o aumentaron problemas de corrupción, no se resolvieron temas estructurales como la inseguridad, informalidad laboral, inflación y, en algunos casos hubo crisis económicas graves (Venezuela, Argentina, Nicaragua). Esto generó fatiga social y un voto de castigo que abrió la puerta a opciones de derecha, vistas como alternativa.

La región ha vivido bajo crecimiento económico, aumento del costo de vida, endeudamiento e impactos negativos después de la pandemia de Covid, y por consecuencia, en estos contextos de crisis económica la derecha promete (y a veces cumple) orden fiscal, control de gasto y atracción de inversiones con discursos de eficiencia, mano dura económica y anti estatismo, con lo que ganan fuerza y legitimidad en un contexto de una ciudadanía que busca estabilidad inmediata y no proyectos ideológicos a largo plazo que empeoran la vida cotidiana de la gente.

Uno de los factores más decisivos para este viraje es la inseguridad, el crimen y la violencia que prometieron erradicar los gobiernos “progresistas” de izquierda y no pudieron o no quisieron. El narcotráfico, la extorsión, el secuestro, los homicidios y, en general, los altísimos índices de inseguridad que le impiden a la gente asomar la nariz a la calle sin que se le vuelen, hacen manifiesto la debilidad del Estado y provocaron un estrés social inaceptable. La llamada “derecha”, ataca con los discursos de ley y orden, militarización y tolerancia cero, al estilo Giuliani (en N.Y.). Esto es, cuando la gente tiene miedo, prioriza la seguridad sobre el respeto a las libertades o sobre un debate ideológico carente de resultados.

En varios países se produjo una reacción contra agendas progresistas relacionadas con feminismo, derechos LGBT, educación sexual y cambios de modelos familiares, lo que no fue bien acogida por una sociedad de por sí históricamente conservadora, capitalizando esta circunstancia la contraparte que se asume como defensora de esos valores tradicionales.

Si a estas condiciones locales y regionales le agregamos la influencia el Trumpismo, las nuevas derechas globales (con dinero infinito y poder sin límites), así como las izquierdas defendiendo causas y proyectos agotados, indefendibles, caducos, mezquinos y cavernícolas, pues tenemos circunstancias más que ideales para ese giro inevitable.

Dice el dicho: cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar. Etcétera.

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