ColumnasDr. Guadalupe Estrada R.

Bolear zapatos.

Bolear zapatos.

Por: Dr. José Guadalupe Estrada Rodríguez.

En la cultura popular mexicana, la expresión «bolearle los zapatos» a alguien tiene un significado muy específico y coloquial que se aleja de la acción literal de limpiar calzado. Significa adular, halagar excesivamente o «hacer la barba» a una persona, generalmente a alguien con mayor autoridad o jerarquía (como un jefe, un profesor o un político, un superior, pues), con el fin de obtener algún beneficio, favor o trato preferencial.

No es poco frecuente en el día a día escuchar a personas que dicen: «Mira a fulanito o zutanito, siempre está boleándole los zapatos al jefe para que le den el ascenso o le aumenten el salario.»

En la política, de manera específica, se usa usa para describir a personas que rodean a un líder y le dicen solo lo que quiere oír. Es decir, la frase qu estamos aquí refiriendo es un sinónimo de otras expresiones mexicanas como «ser un lamebotas» o «barbero”, por decir lo menos y no anotar aquí frases impropias.

El lamebotas, entonces, se coloca básicamente en una posición de inferioridad (en todos los sentidos) respecto a quien o quienes le lame ese calzado, en un nivel de agachamiento, de sometimiento, de subordinación jerárquica, de sumisión moral, de dependencia, y de desventaja en relación con el propietario de esas botas o zapatos.

Esta relación de vasallaje no sería posible sin un titular a quien le gusta o le apetece que le limpien los zapatos, o quien, mínimamente lo permita. Que una persona con autoridad o poder «se deje bolear los zapatos» (es decir, que permita, fomente o disfrute de la adulación excesiva) es reprobable porque ello significa que ya perdió el contacto con la realidad, pues si se rodea de gente que sólo le halaga entonces es un personaje que no le gusta recibir críticas constructivas, advertencias sobre errores o puntos de vista diferentes.

Si el camino para ascender o ser reconocido no es el mérito, el trabajo duro o el talento, sino la capacidad de halagar al jefe, los empleados competentes salen sobrando, pues se premia más que el talento personal, la sumisión total al jefe, con la consecuente mediocridad rampante.

En este contexto, la autoridad (el jefe, pues) se vuelve manipulable y vanidoso, haciendo uso indiscriminado de ridiculencias obvias y exhibiendo vacíos existenciales. Quien necesita que le «boleen los zapatos» suele tener un ego frágil o una necesidad excesiva de validación. Los aduladores lo saben y ellos serán quienes ocupen los mejores

espacios en este ambiente. Dejarse bolear los zapatos es señal inequívoca de un liderazgo débil, inseguro y poco profesional.

Espero que no se me acuse de nada en particular por lo aquí reflexionado, pues no me refiero a nadie ni a ningún personaje en específico, dados los vientos y chismes del momento actual, y sabrán que es domingo y estas líneas son sólo un onanismo mental, propio de la gente que no tiene “quehacer”, por lo que me declaro anticipadamente inocente de cualquier imputación en mi perjuicio.

Correo Electrónico:

estradagp@hotmail.