El sindicalismo también debe llegar a los cañones de Zacatecas
El sindicalismo también debe llegar a los cañones de Zacatecas
La fuerza de los trabajadores está en su organización. Defender sus derechos no significa confrontar, sino construir mejores condiciones de vida mediante el diálogo, la unidad y el respeto.
Por Mtra. en Derecho Electoral y Diputada Federal con licencia Julia A. Olguín Serna
Colaboración editorial para Pulso del Sur
El sindicalismo mexicano tiene una historia construida con esfuerzo, sacrificios y conquistas que hoy forman parte de nuestros derechos laborales. Desde las históricas luchas de Cananea y Río Blanco, hasta el reconocimiento de las garantías sociales en el artículo 123 constitucional, los trabajadores han demostrado que organizarse permite avanzar en mejores salarios, jornadas justas, seguridad social y condiciones dignas. Más de un siglo después, esa lucha sigue vigente, aunque las necesidades y las formas de trabajar hayan cambiado.
México vive una nueva etapa sindical. La reforma laboral de 2019 abrió mayores espacios a la democracia, la libertad de afiliación y la negociación colectiva. Según la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, hasta abril de 2026 se habían aprobado más de 15 mil nuevos contratos colectivos, además de legitimarse 30 mil 549 contratos existentes. Sin embargo, todavía queda mucho por hacer. En Zacatecas, el INEGI registró 680 mil 499 personas ocupadas durante el segundo trimestre de 2026, pero también una tasa de informalidad laboral del 61.2 por ciento. Es decir, aproximadamente seis de cada diez personas trabajaban en condiciones de informalidad, una realidad que obliga a reflexionar sobre la protección y representación de quienes viven de su esfuerzo diario.
Esta reflexión adquiere especial importancia en el sur de Zacatecas. En los municipios del Cañón de Juchipila, como Jalpa, Juchipila, Tabasco, Apozol, Huanusco y Moyahua, así como en Nochistlán y otras comunidades de la región, encontramos trabajadores del comercio, la construcción, el campo, el transporte, los servicios y pequeños establecimientos. Son mujeres y hombres que todos los días contribuyen a la economía local, pero que en muchos casos carecen de una representación colectiva cercana. Con el paso de los años, la presencia sindical se ha vuelto menos visible en diversos sectores de nuestros pueblos. Existen grupos de trabajadores con necesidades comunes, pero no siempre cuentan con una organización que los escuche, los oriente y les permita defender sus derechos de manera conjunta.
Este pasado fin de semana, durante la celebración del 15.º aniversario de la Confederación Autónoma de Trabajadores y Empleados de México (CATEM), realizada en la Arena San Marcos de Aguascalientes, tuvimos oportunidad de reflexionar precisamente sobre estos desafíos. La presencia de su dirigente nacional, Pedro Haces Barba, de la gobernadora Tere Jiménez, de representantes empresariales y de trabajadores mostró la importancia del diálogo entre los distintos sectores productivos. La incorporación de la Federación de Sindicatos de Trabajadores del Estado de Aguascalientes a CATEM fue también una muestra de la capacidad de sumar esfuerzos. Aguascalientes nos deja una enseñanza: la organización laboral puede convertirse en un espacio de entendimiento, donde la defensa del trabajador y el desarrollo económico no tienen por qué caminar separados.
Desde mi responsabilidad como secretaria general de CATEM en Zacatecas, considero que tenemos una tarea importante: acercar la cultura de la organización laboral a las regiones donde la representación sindical es limitada. El sur zacatecano necesita abrir espacios de orientación, capacitación, asesoría y diálogo para quienes trabajan en pequeños negocios, empresas, actividades agrícolas y servicios. No se trata de imponer afiliaciones ni de enfrentar a trabajadores con empleadores; se trata de que cada persona conozca sus derechos, pueda organizarse libremente y encuentre mecanismos para construir acuerdos justos. Un sindicato debe servir a sus trabajadores, rendir cuentas y demostrar con hechos su utilidad.
También debemos reconocer una realidad de nuestros cañones: durante generaciones, muchas familias han encontrado en la migración una alternativa ante la falta de oportunidades laborales. Nuestros jóvenes salen hacia Aguascalientes, otras ciudades del país o Estados Unidos buscando empleos mejor remunerados. Por ello, fortalecer las condiciones de trabajo en la región significa hablar también de arraigo, capacitación, seguridad social, mejores ingresos y oportunidades para las mujeres y los jóvenes. No basta con generar empleo; necesitamos que ese empleo permita construir un proyecto de vida digno en nuestras propias comunidades.
Estoy convencida de que el sindicalismo no debe ser privilegio de las grandes ciudades ni de las grandes industrias. También debe mirar a nuestros pueblos, escuchar a sus trabajadores y comprender la realidad económica del sur de Zacatecas. La experiencia compartida en Aguascalientes nos recuerda el valor de estar organizados, pero el verdadero reto comienza al regresar al territorio y traducir las palabras en acciones. Porque cuando los trabajadores tienen voz, cuando sus derechos se respetan y cuando existe disposición para construir acuerdos, no solamente gana quien trabaja: ganan las familias, las empresas y toda la comunidad.

