El éxito de los países

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Por: Dr. José G. Estrada

Se han escrito ya mares de tinta sobre los factores que vienen a establecer la distinción ente los países prósperos y los que no lo son. Materia de estudio harto abordada por casi todos los equipos de pensadores al servicio de las naciones más destacadas de la tierra. Como paréntesis: se dice que, en los Estados Unidos de Norteamérica, existe, desde hace muchas décadas, un grupo de estudiosos, profesores e investigadores de las más prestigiosas universidades que los 365 días del año, las 24 horas del día, analizando y volviendo a analizar la historia de la Antigua Roma, relacionada, ésta, evidentemente, con las circunstancias y condiciones que mantuvieron a un imperio con influencia decisiva durante mil años y dominando al universo conocido durante quinientos o seiscientos, aproximadamente.

Con independencia de las eruditas ideas vertidas en extensos libros que son los de cabecera de los estudiosos ya aludidos, existen dos factores o presupuestos, digámoslo, sin los cuales no es posible tan siquiera pensar en construir un andamiaje económico, institucional y social que lleve a una nación a establecerse en la cima: el establecimiento de lo que se denomina la “cultura del esfuerzo” y la “vigencia de un estado de Derecho”, factores estos que se relacionan, influyen y determinan mutuamente, y cuya existencia de una, depende de la otra.

Respecto de la cultura del esfuerzo, este se resume básicamente en la directriz de que nada te va a ser regalado, que si requieres obtener algo, debes luchar por ello, que lo que las personas obtienen en la vida es consecuencia directa, inmediata y única del esfuerzo que se ponga en conseguirla.

La vigencia del estado de Derecho significa, simplemente, en que la población, en lo general, y de manera efectiva, respete las reglas que se establecen en un marco normativo obligatorio, y que esas determinaciones se respeten porque el pueblo sienta que son justas las obligaciones allí establecidas.

La Antigua Roma llegó al dominar el mundo entero conocido durante varios siglos debido a la existencia real de estos dos factores; por ejemplo, una carrera militar exitosa era condición indispensable hasta para que un ciudadano llegase a ser Cónsul o Emperador; a la par que las leyes romanas se respetaban, en lo general, por todos, aún fueran muy severas, como aquélla que ordenaba dar muerte al centinela castrense que se quedaba dormido en su guardia o descuidaba su posición.

Por decir algo, en Alemania o Estados Unidos, una forma de ascenso social es a través de convertirse en un importante científico o estudioso, o bien, un buen emprendedor o administrador de empresas; y, en general, las normas jurídicas se acatan por la generalidad debido a que se consideran que son justas, exigiendo, incluso, el propio pueblo su aplicación.

En México, preguntaremos: ¿la gente exitosa es producto de su esfuerzo personal, o bien, en su trayectoria influyen aspectos como la pertenencia a una clase social, el amiguismo, el compadrazgo, el llamado capitalismo de cuates, la recomendación oportuna y bien remunerada? ¿nuestros líderes empresariales, políticos, sociales, son quienes poseen las competencias más adecuadas para ocupar tales lugares, o bien, en el ascenso en esas estructuras de poder influyen causas bien diferentes a sus cualidades personales? ¿respetamos las leyes, pedimos la vigencia irrestricta del estado de Derecho, o bien, comulgamos con la ideología contenida en frases ya del gusto popular tales como: a mis enemigos, justicia, a mis amigos, justicia y gracia; hágase justicia en los bueyes de mi compadre; todos somos iguales ante la ley, pero no ante los encargados de aplicarla; vale más un amigo en el gobierno que mil de la colonia; las leyes son como las telas de araña, a través de las cuales pasan las moscas grandes y quedan enredadas las pequeñas; ese político si robó, pero poquito e hizo cosas.

Etcétera.

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