El servicio público: Servir, no servirse

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Marco Vinicio Flores Guerrero*

Los cargos políticos, así como los puestos  públicos, en nuestro país y en nuestro estado históricamente han sufrido un desprestigio social, por la carencia de compromiso para ejercerlos  con una óptica de servicio público y no de servirse de ellos. 

El servicio público, como acción fundamental  y máxima dentro de la política y en una avanzada democracia, debe estar en constante movimiento adecuándose a los tiempos que vivimos, pero sobre todo a las exigencias del pueblo y a la conciencia que nos guía en el camino correcto.

Quienes ocupamos honrosamente un cargo público no podemos ser distantes de la ciudadanía, porque no somos distintos, por el contrario nos debemos a la protección salvaguarda y mejoramiento de las condiciones de vida de las personas, desde el ámbito gubernamental.

Estoy convencido de que la práctica en el servicio público demanda de quienes lo ejercemos: preparación académica, no de una sino de varias especialidades; vasta experiencia, que en la actualidad que ya no puede esperar a ser adquirida a lo largo de los años; así como un ingrediente local, es decir, el conocimiento y reconocimiento de la región, de su cultura, sus condiciones y actores problemática.

Esta exigencia de experiencia, conocimiento y preparación académica no es menor, es necesaria para darle eficiencia y eficacia a la acción de todo gobierno en cualquiera de sus niveles. Requerimos simplificar la burocracia para que la acciones del gobierno sean respuestas rápidas, expeditas y de impacto porque los problemas ciudadanos no esperan y no entienden de tramitología.

Las nuevas generaciones de funcionarios públicos debemos tenerlo claro, quien no está dispuesto a servir honestamente, no funciona; vive fuera del contexto que la actualidad y el pueblo demandan; el deber ser de todo servidor a la orden del pueblo.

Además de vocación de servicios se cuente con instrumentos que contribuyan a evitar que los funcionarios públicos puedan hacer uso indebido de sus funciones a su favor, por ello es de destacar que en la administración pública estatal, en el último año se hayan realizado 23 auditorías directas, de ellas, seis a obra pública; así como 19 evaluaciones a las finanzas de los organismos públicos descentralizados y al desempeño de Fondos y Programas, y se iniciaron  14 procedimientos administrativos contra funcionarios públicos por diversas faltas.

El servicio público actual se define en una frase: “Servir, no servirse”, expresión que, para los menos puede ser trivial, para la gran mayoría, la razón para ejercerlo.

El escrutinio a nuestra labor es necesaria como mecanismos de disuasión y de control y vigilancia, va de la mano con las herramientas que la población tiene para reclamar con absoluto derecho un trabajo de excelencia en el servicio público.

El pueblo tiene claro el panorama; aquel servidor público que tenga la osadía de servirse de su posición, seguro estoy, que será la última y con sus consecuencias inherentes.

Ahora aplicaré la expresión: “El pueblo manda”, es quien pone, dispone, califica, con el adicional que hoy por hoy, cualquier conducta indebida en el ejercicio público no sólo está bajo el escrutinio público; pues las autoridades en su carácter de velar por el bien común, se encuentran facultados para investigar y en su caso, sancionar cualquier conducta pública que lleve al uso indebido del poder, así como de los recursos a nuestro encargo.

La sociedad está ávida de servidores públicos con convicción de hacer las cosas con las mejores formas y maneras, que trabajen a favor de las necesidades de cada región, de cada municipio, de cada estado, y en su derecho está de exigirlos y los funcionarios públicos de servir. 

*Director General del ISSSTEZAC