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Por: Dr. José Guadalupe Estrada

Existen algunos guiones cinematográficos que nos dejan enseñanzas para reflexionar sobre la forma como actualmente está funcionando la sociedad a nivel global y también local que es necesario traer a colación. Entre ellos se encuentra el que se desarrolla en la película “No mires arriba” (Don’t look up, 2021).

La trama más o menos se desarrolla cuando dos astrónomos, una estudiante y su profesor, descubren que un cuerpo celeste de considerable tamaño, destruirá la tierra en pocos meses y todas las peripecias que pasan para advertir a la humanidad del peligro que se avecina, pero a nadie parece importarle tal circunstancia, ni a los medios de comunicación, ni al gobierno, representado por su Presidente, ni a la sociedad en general, que está más entretenida viendo constantemente la pantalla mágica de su celular. Una vez que logran llamar la atención de la comunidad nacional e internacional, se alcanza que agencias espaciales lancen una misión con un cohete que llevaría una carga explosiva la cual detonaría en la superficie del meteorito, desviándolo de su trayectoria hacia la tierra. Sin embargo, a última hora, la misión que salvaría a planeta es abortada debido a que un empresario sin escrúpulos descubre que el objeto celeste se compone de un material valiosísimo y convence a los actores gubernamentales de que substituyan la misión de desvío por otra que permitiría fragmentar el meteorito en pedazos manejables para apropiarse de ese preciado elemento sideral. Ya para este momento hay toda una campaña mediática que convence a medio mundo de los beneficios infinitos de esta última propuesta y de la felicidad económica en la que se encontraría medio planeta al aprovechar tan inusual oportunidad que literalmente viene del cielo. Sin embargo, esta última misión de fragmentación fracasa y la tierra es arrasada como consecuencia del impacto anunciado.

La trama de esta pieza del séptimo arte expresa con singular divertimiento e ironía, la preocupante tendencia actual del fenómeno llamado “post – verdad”, donde una inmensa mayoría de los seres humanos viven y toman decisiones idiotizados con mentiras esparcidas indiscriminadamente en las redes sociales por líderes mundiales y nacionales, medios de comunicación y corporaciones públicas y privadas, falacias que implican una distorsión deliberada de la realidad, y en donde se apela a las emociones de las colectividades imbéciles y a las emociones personales, más que a los hechos objetivos y verificables, ello con la finalidad última de modelar la opinión púbica e influir en actitudes sociales. Los sentimientos y emociones primarios de los seres (miedo, placer, ira, alegría, etcétera) son puestas en primer lugar antes que la realidad misma, y por ello en el ámbito político la mentira y los datos falsos son la sopa de todos los días.

En la película la humanidad entera es arrasada debido a los intereses nefastos de una clase política en el poder que antepuso sus intereses de grupo al provecho colectivo, como está sucediendo casi en todas las altitudes y latitudes conocidas; por una voraz clase empresarial que en aras de la obtención de ganancias estratosféricas no le interesa arriesgar al mundo entero, como actualmente sucede con a explotación a mansalva de recursos naturales no renovables; a los medios masivos de comunicación y redes sociales, que con el objetivo claro de obtener más rating, likes, tendencias, o como se llame actualmente el nivel de sus ventas, les es ajeno el esparcimiento de hechos y noticias falsas o superfluas con tal de que abonen a sus ganancias; y, lo más triste del asunto, por una sociedad casi enteramente subnormal y papanatas debido ala pantallita de un insignificante teléfono celular o una pantalla de led.

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estradagp@hotmail.com

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