ColumnasDr. Guadalupe Estrada R.

Sobre el Populismo Penal.

Por: Dr. José Guadalupe Estrada Rodríguez

Dicen los conocedores de los menesteres relacionados con las ideologías y el poder, que el populismo no solamente es un cáncer que se extiende en diversos ámbitos de la vida social, económica y, por supuesto, política, sino que, ya instaurado en un país, hace metástasis hacia casi todos los aspectos de la estructura social, incluyendo, por supuesto, al Derecho, este último, como parte de la superestructura según las rancias teorías marxistas.

Como muchos tumores malignos, su esparcimiento es de manera silenciosa, sin notarse apenas, de tal suerte que, no nos damos cuenta hasta que ya instauró sus consecuencias mortales por otros lados. De esta misma suerte, la sociedad en su conjunto no nos enteramos muchas de las veces de las nefastas intenciones que, por ejemplo, tienen los aparatos gubernamentales en general, dirigidos por los agoreros de estas doctrinas, respecto del manejo de los humores y las emociones colectivas.

A guisa de ejemplos, de cómo se instaura y funciona el populismo penal: los medios de comunicación, cómplices en las más de las veces de estos nefastos sistemas de control social, nos venden una historia desgarradora, que puede ser real, eso es lo de menos, a cerca de una mujer a la cual le echaron ácido en la cara, y allí estamos, contemplando mañana, tarde y noche, una desgracia personal y sintiendo empatía y conmiseración infinita por la víctima, tal cual corresponde a los sentimientos normales de los seres racionales. A fuerza de meternos esa narrativa, comenzamos a experimentar deseos de venganza irracional. La clase política populista, ávida de mitotes y experta en explotar el resentimiento social, propone, como solución, tipificar como delito de feminicidio, castigándolo con doscientos años de prisión, la conducta de una persona que arroje ácido a la cara de una mujer.

Dadas las neo sensibilidades en materia de relación animal – humano, donde ahora ya hay restaurantes que permiten llevar a un perro o a un gato y sentarlo en la mesa, ponerle sus cubiertos y darle de comer en el hocico (es el término correcto), llamado esto por algunos como “animalismo”, ahora se propone crear el delito de “perricidio”, o “gaticidio”, o el animal que sea, y castigar dicha conducta con varios años de cárcel, más que muchos otros ilícitos más graves.

Establecidos muchos y variados movimientos en pro de las mujeres, lo cual es positivo, en principio, y lo que aquí criticamos son esos excesos populistas en materia criminal, se propone crear, para proteger a féminas, el delito de “miradas lascivas”, que consiste en que si un hombre simplemente dirige su mirada a una mujer con ese deseo sexual “lascivo”, merece bote, o bien, si alguien le chifla o le dice guapa a una fémina, de igual forma, a las mazmorras.

Según Miguel Carbonell, “El populismo penal se caracteriza por una inmediata y permanente llamada al Derecho Penal para hacer frente a determinadas problemáticas sociales, caracterizadas, generalmente, por su repercusión mediática… una respuesta del Estado a cualquier problema de tipo social”.

El único y grandísimo inconveniente de esta doctrina de política legislativa es que, no soluciona lo que dice va a arreglar, y muchas de las veces empeora las problemáticas correspondientes, pues en el fondo observamos un discurso hipócrita, desinformado, que le da a la gente por su lado más débil, propio de los embusteros que temporalmente detentan el poder que la ciudadanía les concedió, y que tiene el pernicioso efecto de menoscabar los derechos fundamentales, pues desquicia el sistema de juzgamiento penal, socava el espíritu garantista de las leyes por crearse normas incongruentes, irracionales, desproporcionadas y hasta ridículas en muchos casos, y todo ello en perjuicio de todos, ahora sí, de todo el pueblo, quizá por ello el calificativo de populismo penal.

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