Tumbar la estatua.
Por: Dr. José Guadalupe Estrada Rodríguez.
De hechos o circunstancias aparentemente inconexos entre sí podemos extraer las conclusiones más interesantes de lo que de inicio pensaríamos.
Hace poco salió a los mercados una serie televisiva que trata, a su vez, sobre el otrora polémico programa de Chespirito. La verdad sea dicha, a mis escasas inteligencias tal narrativa de la pantalla chica no le interesó, debido a que, lo digo sin cortapisas, la programación del Chavo del Ocho me pareció más propia de atrasados mentales que de gente que le funcionan medianamente sus hemisferios cerebrales. Sin embargo, de múltiples referencias sobre la serie de la serie, me he enterado que en la misma se dibuja en su vida personal a Florinda Meza, mujer que colaboró en el programa, como un ser vil, despreciable, traidor y múltiples calificativos negativos más. Debido a la imagen anterior sobre la actriz aludida, ahora me entero que hay hasta un clamor popular para derribar una estatua que se erigió en su honor en su natal municipio de Juchipila, Zacatecas, cuando anterior a esta serie de la serie, nadie hacia en el mundo a la señora multicitada. En fin, el poder de los medios.
También hace pocas semanas salió al mercado una película (The Accountant 2), en donde, en una parte de la trama, unos Rambos rescatan de la muerte a unos niños mexicanos en los desiertos cercanos a Ciudad Juárez; dichos infantes iban a ser asesinados por parte de unos sanguinarios narcotraficantes y posteriormente enterrados en una gran fosa clandestina excavada para tal propósito. Por su puesto, en la trama se presentan imágenes de la crueldad y locura que por estos lares ya han convertido día a día en lugares comunes, aunque nosotros sigamos negando o minimizando tales circunstancias que a nivel internacional describen claramente a un país ya fuera de sí y tocado por una espiral criminal sin fin.
No es el único filme en donde ya se presenta la realidad nacional donde los grupos criminales campean y dominan parte del territorio, teniendo a una población no sólo absolutamente indefensa ante tales delincuentes, sino con autoridades sumisas o de plano cómplices con tal esquizofrenia colectiva.
El caso es que, en relación con la narrativa de estos dos últimos casos mencionados (el de la imagen de México como territorio dominado por cárteles sanguinarios), me queda claro que la poderosísima industria cinematográfica está preparando, consciente o inconscientemente, a un público norteamericano, y también mundial, para pintar a México como un territorio donde algo se tiene qué hacer para frenar a dichos grupos delincuenciales, ya que constituyen, evidentemente, un peligro para la seguridad no sólo de México, sino regional y hasta mundial.
El caso de Florinda Meza y de las otras películas o series referidas, ilustran como la industria propagandística, utilizando narrativas aparentemente inocentes, inciden fuertemente en la opinión de un público absolutamente manipulable, perezoso y acrítico.
A estos entendimientos les queda claro que la posibilidad de una intervención militar extranjera en este país, aunque sea con el envío de drones y/o misiles y/o extracciones furtivas de personajes considerados como criminales peligrosos (políticos o no) como el caso del Mayo Zambada, es absolutamente real, y de que las probabilidades de que eso suceda son altas, dados los signos y señales que estamos observando día con día en nuestros hogares.
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