ColumnasDr. Guadalupe Estrada R.

Justicia Nahual

Justicia Nahual.

Por: Dr. José Guadalupe Estrada Rodríguez.

A los que por deformación profesional en México estudian Ciencias Jurídicas se les enseña desde las primeras lecciones que el Derecho es una pura construcción racional y lógica, producto de la más pura inteligencia del Homo Sapiens, que esta rama de las ciencias sociales tiene por objeto regular la conducta del hombre en sociedad con la finalidad última de lograr la convivencia pacífica y armónica de los miembros de un determinado país, que las normas jurídicas tienen las características de ser bilaterales (imponen deberes y obligaciones recíprocas), externas (sólo regulan la conducta externa de las personas), coercitivas (su cumplimiento se impone por la fuerza del Estado) y heterónomas (vienen de fuera del individuo obligado), que el Derecho, entonces, es producto de las más altas cualidades del ser humano: el racionalismo en su plena expresión.

Allí en las facultades de esta rama de las ciencias se aprende la llamada Pirámide de Kelsen, siendo ésta “… un modelo gráfico creado por el jurista Hans Kelsen que representa la jerarquía de las normas jurídicas en un sistema legal, donde las normas inferiores deben seguir los preceptos de las normas superiores. En la cima se encuentra la Constitución, seguida por las leyes, reglamentos y, finalmente, las sentencias y actos individuales, cada nivel obteniendo su validez de un escalón superior, esto es, todo un modelo lógico – matemático de creación, interpretación y aplicación del Derecho.

El estudio del Derecho, entonces, en una verdadera Ciencia (con mayúsculas), y es por ello que como disciplina científica, es el estudio sistemático del derecho positivo (el derecho vigente en un momento y lugar determinados) con el objetivo de interpretarlo, integrarlo y sistematizarlo para su aplicación justa. Utiliza métodos científicos, se apoya en otras disciplinas como la historia y la filosofía, y busca explicar el fenómeno jurídico en su complejidad para resolver problemas actuales y futuros, etcétera, etcétera.

En días recientes fuimos estupefactos testigos de la chamanesca toma de protesta de la Novísima Suprema Corte de Justicia: humos blancos y espesos, chamanes, nahuales de alcantarillas, rezos prehispánicos dirigidos a las reinantes celestialidades, rasgaduras de vestiduras indígenas, ojos en blanco (como en un trance onanista perpetuo), caracoles sonoros, tambores de pre – guerra y Quetzalcóatl adorado nuevamente después de siglos y siglos de olvido histórico.

Preguntas Socráticas (para joder al vecino, dicen): ¿Cuál es el mensaje de esta pintoresca ceremonia? ¿Será acaso el Derecho a partir de ahora un arte adivinatorio propio de chamanes? ¿Cambiarán las escuelas de Derecho su nombre

por el de Institutos Quetzalcóatl de Equidad? ¿El llamado Siglo de las Luces y su racionalidad consecuente fue una mala broma de una historia retorcida? ¿Los que van a ser juzgados y posteriormente condenados deberán acudir precautoriamente a una limpia? ¿A partir de ahora los procesados deberán contratar los servicios profesionales de un abogado tradicional o las de un tinterillo nahual? ¿Se podrá invocar como defensa en un juicio la protección de Huitzilopochtli?

En fin, es México, dicen.

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