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Veracruz resiste entre el agua y la esperanza

Veracruz.- Han pasado varios días desde que la lluvia dejó de ser alivio y se convirtió en tormenta. Veracruz, un estado acostumbrado a mirar al cielo con fe, hoy mira sus calles convertidas en ríos, sus casas cubiertas de lodo y su gente aferrada a la esperanza.

Más de treinta personas han perdido la vida y decenas continúan desaparecidas. Son números fríos, pero detrás de cada uno hay una historia: familias que no pudieron salir a tiempo, comunidades que quedaron aisladas, niños que aún preguntan cuándo regresarán a casa. En al menos 37 municipios, el agua rompió caminos, sembradíos y certezas.

Las autoridades estatales y federales continúan recorriendo las zonas más golpeadas. La presidenta Claudia Sheinbaum visitó comunidades devastadas para prometer atención y reconstrucción, mientras Protección Civil mantiene la alerta especial ante la posibilidad de nuevas lluvias. Sin embargo, el esfuerzo institucional contrasta con la magnitud del desastre: la ayuda no siempre llega con la rapidez que el dolor exige.

Veracruz no es ajeno a la tragedia. En los últimos 25 años, ha sido declarado zona de desastre más de 130 veces. Pero cada vez, su gente vuelve a levantarse. Lo hace con la solidaridad que caracteriza a los pueblos que saben sufrir y compartir. Desde Poza Rica hasta Álamo, desde las montañas hasta la costa, miles de voluntarios cocinan, rescatan, limpian y acompañan.

Hoy domingo, cuando en otros lugares se vive la rutina del descanso, en Veracruz todavía se lucha contra el agua, el lodo y la incertidumbre. No hay resignación, pero sí cansancio. Y en medio de todo, una lección: la fuerza de un pueblo no se mide por las veces que cae, sino por las que se levanta.

Ojalá que la ayuda siga llegando, que la empatía no se disuelva con el sol y que recordemos que Veracruz no está solo. Porque mientras haya manos dispuestas y corazones atentos, el agua podrá arrasar con mucho, pero nunca con la esperanza.