Impuestos Regresivos.
Impuestos Regresivos.
Por: Dr. José Guadalupe Estrada Rodríguez.
De manera cerril se dice que los “impuestos regresivos” son aquéllas contribuciones que joden más a los más jodidos. Ya utilizando un lenguaje apropiado para estos espacios, se definirán estas imposiciones estatales como aquéllas que gravan a todos de igual manera, sin importar el nivel de ingresos del contribuyente. Esta aclaración resulta de vital importancia debido a que, aunque la cantidad nominal del impuesto es igual para todos los que lo pagan, su impacto es mayor en las personas con ingresos más bajos, ya que estas cargas fiscales representarán un porcentaje más alto de sus ingresos totales. Al contrario de los “impuestos progresivos”, como el impuesto sobre la renta en México, la tasa impositiva aumenta a medida que los ingresos individuales crecen, de tal forma que, por ejemplo, pagará más porcentaje una persona que gana más que una de bajos ingresos, inclusive, dejando exento cierto monto a los de muy bajas rentas.
Cantaleta ésta que viene a colación debido a que en días recientes nuestros legisladores federales aprobaron aumentos a algunos de los gravámenes conocidos como Impuestos Especiales sobre Producción y Servicios (IEPS), específicamente se autorizó un aumento de este impuesto a los refrescos y otras bebidas azucaradas, incluyéndose aquéllas que usan edulcorantes, aunque no tengan un alto contenido calórico estas últimas. No obstante que el monto de la contribución que se iba a pagar era mayor, la industria que produce estos alimentos líquidos llegó a un acuerdo con papá gobierno y finalmente se acordó que se pagaría $ 3.08 pesos por litro para las bebidas azucaradas o de alto contenido calórico y $ 1.50 pesos para las que utilizan edulcorantes.
Hay aumentos de contribuciones en otros rubros que se hacen para contribuir a las arcas públicas en beneficio de la población, según la ideología impositiva, sin embargo lo que llama poderosamente la atención de esta atrabancada pluma es el carácter netamente regresivo de este impuesto, ya que se va a amolar a los que de por sí están amolados, que son las clases pobres y extremadamente pobres, pues no es producto de una ciencia astro espacial el saber que estos estratos bajos consumen, como parte de su mala dieta diaria, refrescos y líquidos adicionados con azúcares o substancias de alto contenido calórico, y al contrario de las clases medias o altas que incorporan a su ingesta otros líquidos o vinos generosos en sus comidas.
Mientras que, un sujeto perteneciente a los niveles más bajos de la población puede destinar de un 2 a 3 % de su ingreso en consumir refrescos, una persona de la clase media o alta sólo destinará hasta menos del .2 % en ese mismo rubro.
Los impuestos regresivos, al imponer una tasa o cuota uniforme en un bien para todos los consumidores, causa un impuesto desproporcionado, ya que la carga recae más sobre los hogares de bajos ingresos, pues éstos gastan una mayor parte de su renta disponible en estos bienes que ellos consideran básicos, acentuando con ello la desigualdad al gravar más a los que menos tienen.
Los impuestos regresivos nunca han contribuido a una distribución más equitativa de la riqueza, sino, al contrario, acentúan las disparidades económicas.
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