ColumnasDr. Guadalupe Estrada R.

De Cortes Circenses.

De Cortes Circenses.

Por: Dr. José Guadalupe Estrada Rodríguez.

“Cuando un payaso se muda a un palacio, no se convierte en rey. El palacio se convierte en un circo”. Esta frase es un conocido proverbio turco que sugiere que el entorno no cambia la naturaleza de una persona, sino que la persona transforma el entorno a su imagen y semejanza, para mal y para peor. Se utiliza frecuentemente para describir situaciones políticas o laborales donde una persona incompetente o poco seria asume un cargo alto, provocando un caos bíblico en lugar de orden.

También esta reflexión se ha empleado como una crítica política o empresarial para señalar que otorgar poder a alguien incompetente o poco serio solo logrará degradar la institución que dirige. Sugiere, de igual forma, que los títulos o el estatus social no otorgan sabiduría ni dignidad si la persona carece de ellas de antemano.

Si al leer estas reflexiones a Usted le vino a la mente la “maravillosa” e “histórica” sesión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación en una comunidad indígena de Chiapas, no es el único, más la mitad de México así lo percibimos y lo vivimos en las distancias siderales de los videos que nos endilgan los medios de comunicación modernos e instantáneos:

“La Suprema Corte de Justicia celebró su primer sesión itinerante en la historia de México en la comunidad indígena de Tenejapa, Chiapas”, “El Presidente de la Suprema Corte de Justicia dijo que este es el nuevo rostro de la justicia, una justicia que va a caminar de la mano con el pueblo”.

Algún articulista (de mameluco relumbrón) se atrevió a escribir: “Vivimos uno de los momentos más maravillosos de toda la historia de México. Sé que no es una época perfecta, que la guerra ideológica está de a peso y que, por lo mismo, las opiniones negativas y la desinformación son lo de hoy. Pero alguien, dentro de 100 años, hablará de este período con profunda emoción. Y a las pruebas me remito: la Suprema Corte de Justicia de la Nación acaba de sesionar en Chiapas. Y no sólo eso, reconoció el derecho de nuestros pueblos originarios de autogobernarse. ¿Cuándo había visto usted algo así? ¿Quién, en su sano juicio, había imaginado algo como eso? Fue histórico pero, además, fue hermoso. Yo no sé por qué nadie pidió los derechos para hacer una película.” Y remató: “En qué otra parte del mundo está ocurriendo algo así? ¿Ahora entiende cuando le digo que estamos viviendo momentos maravillosos?” (No es broma, este artículo fue publicado en Milenio).

Y allá, en imágenes, pudimos ver a varios Ministros de la Magnánima, garrote en mano, como Noés rescatando al mundo de la furia ciclónica de Dios, ataviados con una peluchina afelpada, propia de cazadores – recolectores o hippies en pleno vuelo, mañanitas y huipiles de colores variopintos, el rostro serio, ojos perdidos en la vastedad de la historia, indicativos de un Sumo Pontífice en onanista transe involuntario, eso sí, encamionetados a más no poder y con su inocultable analfabetismo jurídico a flor de chaveta.

La Suprema Corte transfigurada en un circo ambulante.

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