País de arguenudos.
País de arguenudos.
Por: Dr. José Guadalupe Estrada Rodríguez.
La reciente decisión de la Secretaría de Educación Pública (SEP) de adelantar el cierre del ciclo escolar del 15 de julio al 5 de junio de 2026, bajo la justificación de las altas temperaturas y la celebración de la Copa del Mundo, representa una determinación altamente cuestionable. Lejos de resolver problemas coyunturales, esta medida profundiza la crisis educativa que atraviesa el país.
Recortar casi un mes y medio (aproximadamente 40 días naturales y al menos 25 días hábiles de clases) equivale a eliminar cerca del 15% del tiempo lectivo programado. Existe una correlación directa y científicamente probada entre el tiempo efectivo de instrucción y el nivel de aprendizaje. México ya presenta resultados alarmantes en pruebas estandarizadas internacionales, como la prueba PISA de la OCDE, donde los estudiantes mexicanos muestran un rezago significativo en matemáticas, comprensión lectora y ciencias. Quitar semanas críticas de consolidación de conocimientos a final del ciclo escolar agravará este déficit, impidiendo que se cubran los planes y programas de estudio a cabalidad.
La justificación de acortar el ciclo por la «Copa del Mundo» envía un mensaje social y político desastroso, pues subordina la educación —el pilar del desarrollo de cualquier nación— a un evento deportivo y de entretenimiento. El Estado mexicano, a través de la SEP, está estableciendo un precedente donde el ocio se prioriza sobre el desarrollo intelectual e integral de los menores.
Si bien las olas de calor son una realidad innegable (particularmente en estados del norte y centro-norte, como Zacatecas), enviar a los niños a sus casas no soluciona el problema de fondo. La respuesta de la autoridad educativa no debería ser suspender el servicio, sino invertir en infraestructura física educativa. Las escuelas deberían ser refugios climáticos con ventilación adecuada, techumbres en patios y sistemas de aire acondicionado. Al cerrar las escuelas, el Estado evade su responsabilidad de garantizar espacios dignos y traslada el problema de la mitigación del calor a los hogares, muchos de los cuales enfrentan pobreza energética y no cuentan con condiciones climáticas mejores que las de las aulas.
Las vacaciones prolongadas tienen un impacto asimétrico en la población: las familias de ingresos medios y altos tienen recursos para compensar este tiempo mediante cursos de verano, tutores privados o actividades culturales,
mitigando el impacto de la pérdida de clases; en cambio, en las familias en situación de vulnerabilidad los menores quedan expuestos a una pérdida de aprendizaje mucho más severa. Para estos niños, la escuela es el único lugar seguro donde reciben su alimentación más importante del día y supervisión adulta mientras sus padres trabajan. Retirarles este entorno de protección durante mes y medio adicional los expone a riesgos de calle, trabajo infantil o maltrato.
Desde una perspectiva jurídica, esta decisión administrativa entra en conflicto directo con mandatos constitucionales: el artículo 3º de la Constitución Federal que establece que la educación impartida por el Estado debe ser de excelencia, entendida como el mejoramiento integral constante que promueve el máximo logro de aprendizaje de los educandos. Recortar arbitrariamente los días de estudio atenta directamente contra este principio de «máximo logro». Y por otro lado el artículo 4º Constitucional (Interés Superior de la Niñez), mandata que las decisiones y políticas públicas del Estado deben velar y cumplir con el principio del interés superior de la niñez, garantizando de manera plena sus derechos. Priorizar la logística de un torneo de fútbol sobre el derecho fundamental a recibir una educación completa y de calidad es una clara inobservancia de este principio rector.
La decisión comentada es una salida fácil ante deficiencias de infraestructura y una concesión injustificable a la cultura del entretenimiento y la pereza. En lugar de diseñar estrategias para recuperar los aprendizajes perdidos (rezago histórico y post-pandemia), la SEP opta por amputar el ciclo escolar. Esto no solo afectará los ya de por sí deficientes indicadores de México en los rankings mundiales, sino que compromete el futuro, la competitividad y el desarrollo de toda una generación de mexicanos, convirtiéndonos en un país de arguenudos en potencia y por derecho propio.
Correo Electrónico:
estradagp@hotmail.com

