ColumnasDr. Guadalupe Estrada R.

Sobre la Estupidez.

Sobre la Estupidez.

Por: Dr. José Guadalupe Estrada Rodríguez.

Considero que a estas alturas del partido a todos nos ha quedado claro, salvo para aquéllos que en realidad no quieran, o que de plano, no puedan verlo porque sus lentes entintados de dulzura y miel con ojuelas con los que ven la realidad se los impidan de plano, que la composición actual de nuestra Supremísima Corte de la Injusticia es un dechado de estupidez humana.

Nada más y nada menos, en la semana pasada, en alguna discusión sobre un asunto a resolver, en plena sesión, una de las más pedestres y cerriles (por decir lo menos) Ministras (no explicitaremos su nombre por pura pena ajena) nos regalo un poema a la imbecilidad, dijo entonces, palabras más, palabras menos: “…una trabajadora doméstica … (risitas)… no implica que haya … que sea una relación laboral, porque la relación laboral tiene que ver entre el sujeto que comete el delito y el que sufre, el que sufre la comisión del delito… e insisto no significa doméstica no acota (sic), yo entiendo que todo mundo quiere señalar que se trata de relaciones familiares, pero una cosa son las relaciones familiares, y otra cosa pueden ser esa relación doméstica (sic), ya mi juicio hay que evitar …” (etcétera, ad infinitum y ad nauseam).

La estupidez humana se define como la ausencia de sentido común, juicio o raciocinio en las decisiones y acciones de una persona. A diferencia de la ignorancia (que es la simple falta de conocimiento), la estupidez implica tener la capacidad mental o la información disponible y, aun así, actuar de manera ilógica, causando frecuentemente un perjuicio innecesario tanto para sí mismo como para los demás. En las palabras que acabamos de transcribir no sabemos qué tiene más peso, si la estupidez o la ignorancia supina.

La declaración de la Ministra constituye un claro ejemplo de esas discapacidades mentales mencionadas al evidenciar un desconocimiento inexcusable de conceptos jurídicos elementales, sumado a una profunda falta de raciocinio lógico, lo cual resulta inaceptable dada su investidura en el máximo tribunal del país. Por un lado, la ignorancia se manifiesta al negar que el trabajo del hogar constituya una relación laboral, contraviniendo de forma flagrante la Ley Federal del Trabajo que reconoce expresamente este vínculo obrero – patronal. Este desconocimiento se agrava hasta lo absurdo al confundir el derecho laboral con el penal, pues sostener que una relación de trabajo se da entre quien comete un delito y quien lo sufre es mezclar de manera aberrante el concepto de prestación de un trabajo personal subordinado con los sujetos activo y pasivo de un ilícito. Por otro lado, la estupidez se materializa al observar que, a pesar de contar con años de experiencia (se supone, pues, ya que quizá su experiencia real sea en labores propiamente domésticas), secretarios de estudio y cuenta de alto nivel y todos los medios para emitir un análisis técnico, la juzgadora decide articular en el Pleno un discurso improvisado y carente de sentido común. Esta actuación encaja a la perfección en la definición de estupidez porque genera un perjuicio innecesario al devaluar el rigor técnico de la Corte, minar la confianza ciudadana y atentar directamente contra esa seguridad jurídica que todo profesional del Derecho tiene como objetivo supremo salvaguardar.

Pregunta para joder al vecino: ¿le apetecería que la susodicha mentecata fuera la ponente en un asunto donde el Máximo Tribunal fuera a resolver si lo declaran culpable o inocente de un delito que amerita cien mil años de prisión?

estradagp@hotmail.com