Política

Migrantes zacatecanos: grandeza que cruza fronteras, generosidad que sostiene a su tierra

Por Julia A. Olguín Serna
Diputada federal con licencia
Hay quienes se van de Zacatecas sin dejar de pertenecerle un solo día. Lo sé porque también tuve que emigrar y vivir en el extranjero. Conozco lo que significa comenzar de nuevo lejos de casa y mantener la mirada puesta en quienes se quedaron. Por eso, cuando hablo de nuestros migrantes, pienso en personas que enfrentan una doble responsabilidad: abrirse camino en otro país y encontrar la manera de seguir apoyando a su familia y a su comunidad de origen.
La celebración del 54 aniversario de la Federación de Clubes Zacatecanos del Sur de California, prevista para el próximo fin de semana, nos invita a reflexionar sobre esa entrega. Con antecedentes que se remontan a 1972, esta organización ha convertido el afecto por la tierra en trabajo colectivo. Hoy, bajo la presidencia de Darío Castañeda y con 30 clubes activos, según información de su vicepresidente, Lupe Gómez, mantiene una agenda de becas, colaboración y acercamiento entre municipios. Cada club representa familias que dedican tiempo, esfuerzo y recursos a sostener ese vínculo.
La presencia zacatecana se extiende por California, Illinois, Texas, Nevada, Oklahoma y muchas otras regiones de Estados Unidos. Allí nuestros paisanos han formado hogares, negocios, clubes y federaciones. En el distrito federal 2, con cabecera en Jerez, por el que fui electa, la migración forma parte de nuestra historia familiar y comunitaria. Tenemos pueblos cuya vida cotidiana está profundamente ligada a quienes trabajan al otro lado de la frontera y regresan, cuando pueden, con proyectos y voluntad de ayudar.
¿Qué haría Zacatecas sin las remesas? Durante el primer semestre de 2026 llegaron al estado más de 957 millones de dólares, de acuerdo con cifras preliminares del Banco de México recogidas por NTR. Ese dinero ayuda a pagar alimentos, consultas, estudios y viviendas; también sostiene compras en los comercios de nuestros municipios. Detrás de cada envío hay jornadas de trabajo y decisiones familiares difíciles. Reconocer su importancia exige recordar que esos recursos pertenecen a quienes los ganan y a las familias que los reciben.
Desde mi labor como diputada he buscado recuperar mecanismos que permitan sumar las aportaciones de los migrantes con recursos de los gobiernos para realizar obras comunitarias, como ocurrió en el pasado. Lamentablemente, esa propuesta no ha encontrado el eco necesario. La disposición de nuestros paisanos merece una respuesta institucional seria: reglas claras, transparencia y presupuestos que multipliquen el esfuerzo colectivo. Su generosidad debe encontrar gobiernos dispuestos a cumplir la parte que les corresponde.
La cena de recaudación para becas realizada en la Casa del Zacatecano muestra que esa solidaridad también mira hacia las nuevas generaciones. Ayudar a un joven a continuar sus estudios es ampliar sus posibilidades y fortalecer a toda una comunidad. Quien emigra trabaja para salir adelante, sostiene vínculos a la distancia y muchas veces vuelve para impulsar una obra o respaldar una causa. Ese compromiso merece atención durante todo el año y participación efectiva en las decisiones que afectan a sus pueblos.
Al celebrar estos 54 años, honremos a quienes han aprendido a vivir entre dos tierras sin renunciar a ninguna. Que el reconocimiento se traduzca en oportunidades, protección y colaboración pública. Nuestros migrantes llevan décadas demostrando que la distancia no les impide cumplir con Zacatecas. Es tiempo de que Zacatecas cumpla también con ellos.