ColumnasDr. Guadalupe Estrada R.

Sobre sanguijuelas sociales.

Sobre sanguijuelas sociales.

Por: Dr. José Guadalupe Estrada Rodríguez.

La frase “sanguijuela social” es una expresión despectiva que se usa en las alcantarillas generales para describir a un ser fundamentalmente egoísta que se aprovecha de otros, despojándolos de sus bienes, dinero, energía emocional u otros valores, algo similar a cómo un parásito succiona sangre de su víctima. Este calificativo tambén se lleva con instituciones, partidos políticos o empresas, siempre y cuando cumpla con los requisitos y perfil anteriormente descritos, es decir, vivir a costa de otros. Y para el caso de los personajes o entes públicos, vivir a costa del erario (lo contrario, es un error, como ya dijera un famoso vampiro del presupuesto público en décadas pasadas).

Estos parásitos siempre actúan buscando beneficio propio sin aportar nada, a menudo caracterizados por una actitud insaciable. Al igual que una sanguijuela biológica se alimenta de sangre, la persona u organismo busca succionar recursos materiales, dinero o estabilidad de cualquier naturaleza a costa de sus víctimas.

Si a la anterior descripción le sumamos que estos explotadores de los recursos ajenos también poseen lo que se denomina el instinto de conservación o supervivencia, es decir, ese impulso biológico fundamental que mueve a los organismos a protegerse del daño, la enfermedad o la muerte, garantizando su vida y permanencia en este mundo, pues entonces ya podemos comenzar con la presente monserga, dirigida fundamentalmente hacia una reflexión en la materia que menos nos gusta: el Derecho Electoral.

Todos sabemos que el partido político en el poder (no lo mencionaremos por su apelativo específico) está impulsando una reforma electoral que, al final de cuentas, y para no aburrir al lector, traería como consecuencia última el casi aniquilar al resto de los institutos políticos que actualmente existen, incluidos sus aliados (que no especificaremos por nombre, por temor a ser denunciados por violencia política), por supuesto, y aquí la cuestión, pues sin el voto de estos convenencieros y temporales socios, tal propuesta de cambio constitucional no es factible.

Esta trascendental circunstancia de la vida política actual me llevó a reflexionar: ¿De verdad, a quién, en su sano juicio, se le ocurrió pensar que esos amantes temporales del poder, identificados claramente no de ahora, sino desde su mismo nacimiento, como partidos – sanguijuela, iban a actuar en contra de su mismísima naturaleza, de su ontología básica? ¿A quién, en sus cabales tres neuronas funcionales le pasó por su disfuncional azotea que estos chupacabras de los presupuestos públicos iban a sucidarse, actuando en contra de su más elemental instinto de conservación?

Pues no tengo respuesta, pero este experimento social nos llevará a demostrar, de manera indefectible, cual científicos deschavetados y sin oficio ni beneficio alguno, que las sanguijuelas también poseen instinto de supervivencia.

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