El cadáver que volvió a su tumba.
El cadáver que volvió a su tumba.
Por: Dr. José Guadalupe Estrada Rodríguez.
El triunfal, desafiante y nada sospechoso regreso de Rubén Rocha Moya a la gubernatura de Sinaloa este pasado 21 de agosto de 2026 duró menos que un suspiro. Ayer sábado, 22 de agosto, en un acto de «heroica» prudencia y ante la aplastante realidad de la crisis diplomática y jurisdiccional que desató, el susodicho metió reversa y volvió a pedir licencia por tiempo indefinido, es decir: ni los locos tragan lumbre. Su efímero intento por reasumir el trono, pasándose por el arco del triunfo una solicitud de detención con fines de extradición girada por Estados Unidos desde el pasado abril, demostró que jugar a las vencidas con el vecino del norte requiere algo más que soberbia tropical.
Y es que, desde la siempre vigilante óptica de Washington, que un mandatario estatal formalmente acusado de conspiración y nexos con el narcotráfico intentara recuperar las riendas del poder fue, por decirlo suavemente, una bofetada institucional. Al atrincherarse fugazmente en su despacho para reactivar su mágico fuero constitucional, los vecinos distantes interpretaron la maniobra como un uso descarado de nuestro andamiaje jurídico para burlar la justicia internacional y proteger a un objetivo prioritario de sus cortes. Ni siquiera la obstinada postura de nuestro gobierno, que se puso exquisito exigiendo «pruebas contundentes» y bateando la detención inmediata, pudo sostener el teatrito ante agencias como la DEA y el Departamento de Justicia. Mantener a un personaje con este sólido y probado currículum al frente de Sinaloa era confirmarle al Congreso estadounidense lo que ya sospechaban: aquí sobra tolerancia institucional para abrazar a las cúpulas criminales.
Rocha Moya corrió a esconderse porque, de pronto, alguien vio venir la jugosa factura que le cobrarían a la República Mexicana. Lo primero iba a ser un inminente colapso en la cooperación de inteligencia, con las agencias estadounidenses implementando un bloqueo informativo y multiplicando las operaciones unilaterales de captura en nuestro territorio sin avisarle a nadie. En la arena económica, este berrinche soberano nos iba a estallar justo en la antesala de la revisión del T-MEC, dándole en bandeja de plata el pretexto a los congresistas vecinos para endurecer las cláusulas comerciales argumentando falta de certidumbre jurídica, ahuyentando de paso al capital extranjero. Por si fuera poco, ya se asomaba la guillotina de la OFAC (Oficina de Control de Activos Extranjeros): cancelaciones masivas de visas y congelamiento de cuentas para todo el zoológico político y económico vinculado al gobierno estatal de Sinaloa.
Ante este monumental desastre anunciado, es evidente que en las altísimas alcantarillas del poder en México alguien sacó la calculadora, midió el tamaño de la tormenta y se hizo esa pregunta fundamental: a todo esto, el susodicho, ¿lo vale?
La presurosa y gallinesca licencia indefinida de ayer nos escupió a la cara la respuesta: por supuesto que no.
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