Pinocho.

 

En relación a la película de Guillermo del Toro donde presenta una nueva versión del clásico cuento infantil de  Carlo Collodi escrito en 1881, existen muchas lecciones aún vigentes que aprender en referente a la educación de los menores y en especifico del los niños y niñas que no aprenden con sermones, si no que necesariamente necesitan experimentar.

Pinocho es difícil, otro tanto será su crianza. Poco a poco va aprendiendo, y sacará finalmente a flote sus buenos sentimientos. Pero es un proceso largo. Es arisco y rebelde. Los primeros capítulos son una sarta de imprudencias. En ocasiones aflora el lado bueno, pero son destellos fugaces. En el capítulo IX, dice: “Hoy, en el colegio, aprenderé a leer enseguida; mañana aprenderé a escribir y pasado mañana aprenderé a contar. Luego, con mi habilidad, ganaré mucho dinero, y con el primer dinero que consiga, le haré a mi papá una bonita chaqueta de paño. Pero ¿qué digo de paño? Quiero hacérsela de plata y de oro, y con los botones de brillantes”.

A lo largo de la novela, el grillo parlante, el Hada Azul y Geppetto tratan de aleccionar a Pinocho acerca de los valores sociales. Pero él no aprende con consejos, sino por medio de múltiples experiencias, algunas muy dolorosas, como la de ser convertido en un burro y humillado, a punta de doce latigazos, o la de ser devorado por un inmenso pez. Por fin, en el capítulo XXIV descubre el valor del sacrificio y el esfuerzo. La marioneta encuentra tranquilidad cuando sirve a los demás. Este texto literario sugiere reiteradamente que solo con la práctica de valores podemos alcanzar el sentido de lo humano. Sin embargo, los buenos propósitos que a veces afloran no son consistentes. Pinocho pronto decide abandonar la escuela y acompañar a su amigo Romeo, a quien apodan “Palillo”, al País de los Juegos, donde no hay colegios, maestros o libros. Es un país donde no se estudia nunca. Los jueves no hay clase y las semanas están compuestas por seis jueves y un domingo. Las vacaciones de enero empiezan el primero de enero y terminan el 31 de diciembre. “Palillo” no duda en afirmar: “¡Así deberían ser todos los países civilizados!”.

Pinocho sigue el lento aprendizaje de la autonomía, una de las metas de toda buena crianza, el reto, para formar seres autónomos por medio de la educación, es lograr desprenderlos de la comodidad de los hilos de dependencia y hacerlos que actúen por cuenta propia en el escenario donde discurren sus existencias. Uno de los aspectos más difíciles de la crianza es aprender a posponer la satisfacción inmediata de los deseos. Pinocho es un hedonista. Busca el placer y la gratificación con avidez. Por eso expresa sin reparo: “Y yo, para ser sincero, no tengo ninguna gana de estudiar; me divierto más corriendo tras las mariposas y trepando a los árboles para coger pajaritos de los nidos”.

El muñeco es un sujeto de crianza como lo fuimos todos, que aprendimos principalmente por la experiencia. Él, como los niños, descubre poco a poco el autocontrol. Aprende a disfrutar de la vida y de las cosas sencillas. Conoce el valor de la familia. Y lo que es fundamental: aprende a resistir. La resiliencia, esa capacidad de resistir la adversidad, es indispensable para sobrevivir.

Metafóricamente, es la misma progresión que vemos en los niños a lo largo de su desarrollo y la moraleja mas grande del cuento es la labor resiliente de las figuras adultas del cuento que nunca dejaron de amar,  aconsejar, buscar, proteger  y de educar a Pinocho

 

Collodi le pone a su Pinocho como meta central alcanzar la humanidad mediante la educación y el trabajo. Nada se le dará gratuitamente.

Víctor Manuel silva Galaviz.

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