ColumnasDr. Guadalupe Estrada R.

Populismo Punitivo.

Por: Dr. José Guadalupe Estrada Rodríguez

Desde que se inventó la democracia propiamente dicha, todo el mundo de llena la boca hablando y actuando en nombre y por cuenta del pueblo, cual mandatarios legales de nebulosas colectividades. En cualquier discurso, opinión o idea, propagada por quien sea, y más por aquéllos que de manera temporal detentan el poder, se antepone al pueblo como prerrequisito de cualquier acción o decisión trascendente. El pueblo para allá, el pueblo para acá. Como las masas son pobres, hay que acabar con la pobreza, dicen, pero no la de todos, sino la propia, como reciente hemos visto en los casos de los contemporáneos y cercanísimos populismos: en la Venezuela de Hugo Chávez, donde dicen representar a las masas, el pueblo, pues, lo único que han hecho es aumentar el número de pobres y acabar con la indigencia, pero como decimos, la propia y la de los allegados. En las Argentinas de los Kirchneres (¿se escribirá así?), los descamisados se multiplicaron como los panes de Jesucristo, y nación masoquista, allí los tiene otra vez en el poder, ante una falta de entendimiento moral que en ningún lado se entiende, no obstante los escandalosos casos de corrupción de la renacida clase gobernante. De Cuba, ni hablar, no tienen ni para comer, pero se enorgullecen de una irrisoria revolución que lo único bueno que ha producido son los Juniors, hijos, nietos y biznietos de los Castro, que generaciones por venir no se acabarán sus riquezas monetarias depositadas en bancos extranjeros, mendigando, los isleños, mendrugos de pan, pero allí el “Patria o Muerte”, vigente como nunca jamás. Y así, si queremos poner ejemplos, todo Latinoamérica, sumida en la orfandad que busca, intermitentemente, ese caudillo o líder (populista) que venga a resolver los problemas irresolubles de toda la historia, anclados en un pasado de culpas de terceros por las desgracias propias, etcétera.

Decíamos recientemente que el populismo no solamente es un cáncer que se extiende en diversos ámbitos de la vida social, económica y, por supuesto, política, sino que, ya instaurado en un país, hace metástasis hacia casi todos los aspectos de la estructura social, y el Derecho Penal es clarísimo ejemplo de lo anterior.

El populismo punitivo en nuestros países latinoamericanos ha penetrado con una fuerza poco vista en la idiosincrasia de la gente y de las clases gobernantes. Como estas últimas se dicen defensoras de los intereses y aspiraciones de los pueblos, de las colectividades desarrapadas y ávidas de justicia, pendiente ancestral, ha sido muy fácil impregnarlas de esa nefasta ideología como una salida a la ineficacia en materia de seguridad pública.

Bajo el pretexto de sosegar los efectos de una creciente e incontrolable criminalidad, se propone que toda conducta dañina a la sociedad se castigue con penas absurdamente elevadas, como llevar a un secuestrador a doscientos años de cárcel, o aumentar desmesuradamente las sanciones penales en aquéllos casos y supuestos que han tenido repercusiones mediáticas socialmente sentidas.

Nada de esto va a solucionar la catástrofe delincuencial que nos azota, pues cambiando las leyes no se cambia al mundo, y si se quiere enmendar el pendiente de la inseguridad pública, hay que comenzar con bajar las tasas de impunidad en el país, que tienen escandalosos parámetros como del 98 %, es decir, que de cien delitos que se comenten, sólo se castigan dos, y allí de mal en peor, pues de nada sirve decir que nuestros leguleyos legisladores aumentaron la pena de prisión por un feminicidio o un homicidio a mil años de cárcel, o de por vida, que es lo mismo, cuando eso no resuelve nada, lo que solucionaría entuertos es castigar realmente un porcentaje substancial de ilícitos en contra de la sociedad, conformándonos con que les dieran efectivamente diez o veinte años a secuestradores u homicidas, y no ver que este populismo penal es letra muerta en los vericuetos legislativos.

Y así, entonces, cuando vemos que nuestra clase política se llena la cavidad bucal con discursos huecos e hipócritas que presumen el aumento de las penalidades, sin ton ni son, decimos, pobre México, cuánto populismo y cuán pocos delincuentes castigados.

Correo Electrónico:

estradagp@hotmail.com