ColumnasDr. Guadalupe Estrada R.

El Noroñazo.

El Noroñazo.

Por: Dr. José Guadalupe Estrada Rodríguez.

El suscrito puede dar testimonio de lo que observó claramente (y en cámara lenta) sobre la trifulca pasada en el Senado de la Ex – República que ha causado una alharaca propia de guacamayas tropicales a lo largo y lo ancho de todo el territorio nacional: Alito, en una actitud retadora, procede a reclamarle no se qué carajos a Su Montaraz Eminencia, los audios no son del todo claros, pero se supone la interpelación a un tema relativo a la falta de democracia y libertad de expresión en la Cámara Alta. Luego Su Montaraz Eminencia, ante el reclamo del primeramente aludido, intenta darle a éste un aventón, o bien una bofetada, o bien alza su brazo en actitud y postura francamente amenazante. Las secuencias en cámara lenta así lo atestiguan, y esto fue el comienzo del mitote exclusivo de lavanderas a que ahora hacemos amplia alusión. Con posterioridad, el primeramente de los legisladores aludidos se enfrenta a Su Montaraz Eminencia tirándole unos manotazos y luego unos empujones. Cabe hacer particular mención que el intitulado Alito tiene una complexión característica de los que van muy seguido a los gimnasios a hacer pesas y se meten esteroides hasta por salva dicha sea la parte que ahora no se mencionará por su preciso nombre porque estos espacios no permiten tales palabras pertenecientes a plumas arrabaleras, no siendo este el caso. Acto seguido, ante tal manifestación de superior fortaleza y habilidades de cadenero mostradas por su oponente, Su Montaraz Eminencia opta por lo que más saben hacer los que hocico grande tienen y microscópicos tanates, es decir, apeló a la máxima de los timoratos: “más vale aquí corrió que aquí quedó”, pues así lo hace suponer precisamente sus posturas corporales que tienden a buscar la salida y dar la espalda al contrincante. Ya en plena desbandada, Su Montaraz Eminencia recibe de un sope que, vaya, hay que decirlo, provocó que esta atrabancada (que no cerril) pluma estuviera con un ataque de hilaridad que duró casi por una tarde entera, lo cual quiero agradecer ampliamente pues es de la comunidad psicológica sabido que la risa es la mejor medicina para las atormentadas almas.

De los hechos someramente reseñados, muchas y muy variadas enseñanzas podremos extraer, lecciones tanto de índole personal como sociológica, por ejemplo, que cumple aquél principio del poder que dice que el tamaño de la boca del fanfarrón es inversamente proporcional a su real valentía; o bien aquél que reza que perro que ladra no muerde (con el respeto que nos merecen los caninos en este particular evento); o bien el que ya referíamos en el cuerpo de esta perorata y que dice que más vale aquí corrió que aquí quedó; y, por supuesto, un consejo que siempre nos han recomendado seguir los abuelos: nunca ofendas a nadie, porque siempre te toparás con alguien más cabrón que tú. Etcétera.

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