ColumnasInstituto 3E

La inteligencia artificial no hizo trampa; nos mostró que la educación necesita cambiar

La reciente polémica en torno al examen de admisión de la UNAM ha ocupado titulares en todo el país. La posibilidad de que algunos aspirantes hayan utilizado inteligencia artificial para responder la evaluación ha despertado indignación y preocupación. Sin embargo, más allá de señalar culpables, vale la pena detenernos a reflexionar sobre lo que este episodio realmente nos está diciendo.

En mi opinión, la inteligencia artificial no es el problema. El problema es que seguimos evaluando a los estudiantes como si viviéramos hace veinte años.

Durante décadas hemos diseñado exámenes para medir la capacidad de memorizar información y responder correctamente bajo presión. Ese modelo funcionó en una época donde el acceso al conocimiento era limitado. Hoy la realidad es completamente distinta. Cualquier estudiante lleva en su bolsillo un dispositivo con acceso a millones de datos y, además, a herramientas de inteligencia artificial capaces de explicar conceptos, resolver ejercicios y generar respuestas en cuestión de segundos.

La pregunta entonces no debería ser cómo impedir que los jóvenes utilicen estas herramientas. La verdadera pregunta es: ¿qué estamos haciendo para enseñarles a utilizarlas con ética, responsabilidad y sentido crítico?

Cada avance tecnológico ha transformado la educación. Ocurrió con la calculadora, con Internet y con los teléfonos inteligentes. En su momento también existieron voces que anunciaban el fin del aprendizaje. La historia demostró que la tecnología no sustituye al conocimiento; simplemente cambia la manera de adquirirlo y aplicarlo.

Lo sucedido en la UNAM representa una gran oportunidad para todas las instituciones educativas de México. Es momento de dejar de evaluar únicamente la memoria y comenzar a valorar competencias que realmente preparan para la vida: la creatividad, el pensamiento crítico, la capacidad de resolver problemas, el trabajo colaborativo, la comunicación efectiva y la toma de decisiones.

También es un llamado para nosotros, los docentes. No podemos seguir formando estudiantes para un mundo que ya dejó de existir. Nuestra responsabilidad no es competir contra la inteligencia artificial, sino enseñar a convivir con ella. Debemos convertirla en una aliada del aprendizaje, sin perder de vista que ninguna tecnología puede reemplazar los valores, el juicio ético, la empatía y la capacidad humana para crear soluciones con impacto positivo.

Estoy convencido de que los próximos años no distinguirá a quienes memoricen más información, sino a quienes sepan hacer mejores preguntas, interpretar la información disponible y utilizar la tecnología para generar valor en su comunidad.

La inteligencia artificial llegó para quedarse. Podemos dedicar nuestro tiempo a intentar bloquearla o aprovechar esta coyuntura para transformar de una vez por todas nuestro sistema educativo. Yo prefiero la segunda opción. Porque la educación del futuro no dependerá de quién tenga la mejor tecnología, sino de quién forme mejores seres humanos capaces de utilizarla con inteligencia, responsabilidad y propósito.

Dr. Víctor Alfonso Silva Reyes.