Cuando una mujer escucha al territorio, también transforma
Hoy las mujeres ya no están pidiendo permiso para participar: están disputando, ganando y gobernando.
Por Mtra. en Derecho Electoral y Diputada Federal con licencia Julia A. Olguín Serna
La presencia de las mujeres en la política mexicana vive un momento histórico. Durante muchos años se nos permitió acompañar procesos, apoyar campañas o formar parte de estructuras, pero no siempre decidir. Hoy esa realidad ha cambiado: México tiene a su primera mujer Presidenta de la República y, en distintos estados y municipios del país, las mujeres han dejado de ser una presencia simbólica para ocupar espacios donde se toman decisiones de fondo.
En Zacatecas, este momento también se observa con claridad. Dentro de la ruta política de Morena rumbo a la Coordinación Estatal de los Comités de Defensa de la Transformación, más de la mitad de los perfiles visibles son mujeres: Geovanna Bañuelos, Verónica Díaz Robles, Julia Olguín Serna y Zaira Villagrana. Más allá de nombres o aspiraciones legítimas, este dato confirma algo importante: las mujeres ya no están al margen de las grandes decisiones políticas del estado; están en el centro de la conversación pública.
Pero hablar de mujeres en política no debe reducirse a cargos, encuestas o candidaturas. El verdadero valor está en la forma de ejercer la representación. Gobernar también es escuchar, regresar al territorio, mirar de frente a las familias y entender lo que viven las mujeres rurales, madres jefas de familia, cuidadoras, comerciantes, migrantes, profesionistas y jóvenes que todos los días sostienen a sus comunidades, muchas veces sin reconocimiento suficiente.
En el sur de Zacatecas, región que forma parte esencial del Distrito 02 federal electoral, esta realidad se siente todos los días. Municipios como Apozol, Huanusco, Mezquital del Oro y Moyahua han sido encabezados por mujeres en el periodo municipal 2024–2027, con perfiles como Gabriela Arellano Quezada, Julieta Isamar Camacho García, Mónica Rodarte Dávila y Norma Castañeda Romero. Esto demuestra que la participación femenina no es exclusiva de las grandes ciudades: también está presente en los municipios rurales, en las regiones migrantes y en los territorios donde la política exige cercanía, carácter y trabajo diario.
Desde esta región emergió también mi responsabilidad como representante popular. El Distrito 02 no sólo me dio una encomienda legislativa; me recordó que la política debe nacer del contacto con la gente. Aquí las mujeres no hablan desde la teoría: administran hogares, atienden negocios, participan en comités, sostienen el campo, acompañan a sus familias migrantes, cuidan a los adultos mayores y mantienen vivas las redes de solidaridad comunitaria.
Por eso, cuando una mujer llega a un espacio de decisión con los pies puestos en la tierra, no llega sola. Llega con la voz de muchas otras mujeres que durante años han sostenido la vida de sus pueblos. La transformación que vive Zacatecas debe seguir abriendo camino para las mujeres, pero también debe exigirnos una política más humana, más cercana y más responsable. Porque una mujer no transforma sólo por ocupar un cargo; transforma cuando escucha, cuando camina el territorio y cuando convierte la confianza de la gente en trabajo serio para su comunidad.

