Reprobar con honores: El triunfo de la Nueva Escuela Mexicana.
Por: Dr. José Guadalupe Estrada Rodríguez.
A estas alturas del partido, dudo mucho que sea necesario que el suscrito les narre con peras y manzanas la enésima debacle bíblica que nos acaba de arrollar en materia educativa. En esa minúscula parcela de las pocas entendederas que aún nos iluminan a los mexicanos, el resultado es el de siempre: volvimos a reprobar espectacularmente el examen estandarizado PISA. Reprobados, sí, pero ahora con una variante que destila la esencia pura de esta transformación en marcha: pasamos oficialmente de Guatemala a Guatepeor. Esto significa, en cristiano, que si antes nuestros retoños apenas sabían balbucear un texto, hoy son orgullosos analfabetas funcionales; si antes garabateaban con dificultad, hoy no llegan ni a la categoría de pintura rupestre; y si los escolapios de antaño sabían que dos más dos son cuatro, las nuevas generaciones se vuelan la barda respondiendo «veintidós» y exigen un aplauso por su creatividad. Un fracaso gloriosamente anunciado.
Y por favor, que a nadie se le ocurra consolarse con las sesudas explicaciones de La Primera Científica del País, saliendo a defender lo indefendible. Ya nos recitó la cantaleta de siempre: resulta que este naufragio intelectual es culpa de las redes sociales y los teléfonos inteligentes; que esas perversas pruebas «no miden nada» porque nuestra exótica realidad socioeconómica nos exime de usar la lógica elemental; y que, mal de muchos, consuelo de tontos, esta debacle la sufren todos los países. Pero sobre todo, nos exige que jamás olvidemos el dogma oficial: el cochino neoliberalismo, Hernán Cortés, la Malinche, Porfirio Díaz, Felipe Calderón y García Luna son los eternos culpables de nuestra inveterada estupidez presente, pasada y futura.
Así que, como ya es costumbre en esta impertinente columna de domingo por la tarde (que cobra vida para arruinarles el lunes por la mañana), echaremos mano del infalible Método Socrático para tratar de desentrañar los misterios de este distópico mundo nuestro, aunque sea nada más por el puro placer de joder al prójimo. Ahí les van unas preguntas al aire:
¿Habrá alguien con el valor suficiente para explicarle a nuestras autoridades educativas que, aquí y en China, dos más dos siempre van a sumar cuatro?. ¿Existirá un alma piadosa que ilustre a nuestros desilustrados gobernantes sobre el hecho de que las facultades del entendimiento son universales?. Es muy simple: o comprendes lo que lees, o no; o sabes hilar sujeto, verbo y predicado, o escribes como primate.
¿Se atreverá algún renegado social, como el que aporrea este teclado, a gritarle a La Primera Científica que implementar la «Nueva Escuela Mexicana» no fue una mala ocurrencia, sino un crimen de lesa humanidad académica?. Porque su único legado ha sido arrinconar la ciencia para instaurar un instrumento de evangelización socialistoide barato, imbecilizando a marchas forzadas a un alumnado que ya venía bastante borrico.
Y finalmente, ¿habrá un erudito que nos dimensione la catástrofe?. Mientras nuestros vecinos del norte se rompen la cabeza controlando la Inteligencia Artificial para que no extinga a la humanidad, aquí desperdiciamos nuestro tiempo debatiendo en las mañaneras si es conveniente o no regresarles a los niños sus malditos libros de matemáticas, español y ciencias.
Correo Electrónico:
estradagp@hotmail.com

