Pemex: el barril sin fondo.
Pemex: el barril sin fondo.
Por: Dr. José Guadalupe Estrada Rodríguez.
Mientras en el mundo real las petroleras se atascan de billetes por los altos precios del crudo, Pemex sigue perdiendo dinero. Hay que ser auténticos virtuosos de la ineptitud para lograr la proeza de quebrar en plena bonanza petrolera mundial.
De enero a septiembre, nuestros brillantes administradores reportaron a la Bolsa Mexicana de Valores una hemorragia de 38 mil 763 millones de pesos (2 mil 228 millones de dólares). Y todavía tienen la reverenda desfachatez de cacarear como un triunfo que esta cifra representa una reducción del 13.9 por ciento en sus pérdidas respecto al mismo periodo del año pasado. Vaya consuelo. En ese mismo maldito lapso, corporaciones que sí saben hacer negocios como Exxon, Shell, Chevron y BP se embolsaron utilidades de hasta 34 mil millones de dólares. Por si fuera poco, hasta Petrobras, la estatal brasileña, ganó 16 mil 627 millones de dólares en el primer semestre.
¿El pretexto de la administración de Pemex para justificar semejante desastre? Lloriquean en su reporte que los mayores ingresos por venta de petróleo al extranjero y combustibles en el país no les alcanzaron para tapar el boquete de las fluctuaciones cambiarias, el pago de derechos fiscales y, faltaba más, los sacrosantos beneficios laborales de Pemex. Traducción libre: no hay dinero que alcance para mantener al intocable y corrupto sindicato y a su inoperante y también depravada burocracia.
La ironía es brutal: tienen el descaro de presumir ingresos totales por un billón 360 mil millones de pesos en nueve meses (un incremento anual del 16.9 por ciento), impulsados por mayores ventas. Detallan que las ventas internas se ubicaron en 908 mil 100 millones (un aumento de 23.6 por ciento) y las internacionales crecieron 5.5 por ciento para sumar 452 mil 900 millones de pesos. Y logran estos números escupiendo al exterior apenas la raquítica suma de 426 mil barriles diarios en promedio. Según nuestros estrategas de kínder, esta caída en las exportaciones obedece a su obstinada necedad ideológica de procesar más crudo en las refinerías nacionales.
El colmo de la burla llegó cuando Juan Carlos Carpio, director de Pemex, tuvo el cinismo de pararse el cuello en conferencia con inversionistas afirmando que el crudo enviado a procesamiento fue de un millón 143 mil barriles diarios, es decir, su nivel más alto desde 2014, lo que se tradujo en un repunte del 16 por ciento en la producción de petrolíferos. ¿Para qué diablos refinan tanto si lo hacen perdiendo dinero a carretadas? Para rematar este chiste
macabro, el saldo de la asfixiante deuda financiera de Pemex se ubicó en 77 mil 600 millones de dólares al concluir el tercer trimestre. Festejan que se redujo un 8.9 por ciento frente a finales de 2025, pero mañosamente omiten decir que la cifra es mayor a los 77 mil 500 millones que ya nos debían al cierre de junio.
Así es, pues, como nuestros administradores de las riquezas nacionales queman nuestro dinero en la hoguera de la soberanía bananera. Sigan aplaudiendo.
Para coronar esta grotesca farsa histórica, habría que desenterrar ese rancio y manoseado mito fundacional de Lázaro Cárdenas, cuando nos juraron con el fervor ciego de las estampitas religiosas que «el petróleo era de todos los mexicanos». Luego, para inflar aún más el globo de nuestra estupidez colectiva, apareció aquel histriónico y lacrimógeno José López Portillo a exigirnos, con el pecho henchido de soberbia petrolera, que nos preparáramos para «administrar la abundancia». Hoy, tras décadas de saqueo sistemático y gracias a toda esa persistente recua de ineptos que juegan a ser los salvadores de la patria, ha quedado trágicamente claro que lo único verdaderamente nuestro (de toda la perrada nacional, pues), lo único que sí nos van a heredar para que administremos por el resto de nuestros miserables días, son las méndigas, asfixiantes y multimillonarias deudas de su intocable barril sin fondo.
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