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Gestión del cambio educativo: transformar las escuelas implica transformar a las personas

La educación mexicana enfrenta uno de los desafíos más importantes de su historia: transformar sus prácticas para responder a las necesidades de una sociedad que cambia constantemente. Sin embargo, existe una pregunta que pocas instituciones se hacen con suficiente profundidad: ¿estamos preparados para gestionar el cambio o simplemente estamos acostumbrados a implementar nuevas disposiciones?

En muchas escuelas, la transformación educativa se entiende como modificar planes de estudio, incorporar plataformas digitales, adquirir tecnología o capacitar a los docentes mediante cursos aislados. No obstante, cambiar no significa necesariamente transformar.

La gestión del cambio implica un proceso mucho más profundo. Significa reconocer que detrás de cada innovación existen personas con experiencias, creencias, hábitos y, en ocasiones, resistencias. Un docente que lleva veinte años enseñando de determinada manera no modificará sus prácticas únicamente porque una autoridad educativa se lo indique. Necesita comprender el propósito, desarrollar nuevas competencias, experimentar y recibir acompañamiento.

Uno de los grandes errores de las instituciones educativas es exigir innovación sin construir las condiciones necesarias para que ocurra. Se habla de metodologías activas, inteligencia artificial, pensamiento crítico y aprendizaje basado en proyectos, pero muchas veces se mantienen estructuras administrativas, evaluaciones y prácticas pedagógicas que reproducen los mismos modelos tradicionales.

La verdadera gestión del cambio comienza con el liderazgo. Los directivos deben dejar de ser únicamente administradores de recursos y convertirse en promotores de una cultura de aprendizaje, colaboración y mejora continua. Asimismo, los docentes necesitan ser reconocidos como protagonistas de la transformación, no como simples ejecutores de instrucciones.

México no necesita solamente nuevas reformas educativas; necesita instituciones capaces de aprender, adaptarse y evolucionar. Necesita líderes que comprendan que transformar una escuela requiere tiempo, acompañamiento, evaluación y, sobre todo, voluntad colectiva.

La pregunta no debería ser cuánto hemos cambiado nuestros programas educativos, sino cuánto han cambiado nuestras aulas.

Porque la transformación educativa no ocurre cuando se anuncia un nuevo modelo, sino cuando un docente decide enseñar de manera diferente, un directivo se atreve a liderar de otra forma y una institución coloca el aprendizaje de sus estudiantes por encima de la comodidad de sus propias estructuras.

Dr. Victor Alfonso Silva Reyes