El giro a la Derecha en Latinoamérica.
El giro a la Derecha en Latinoamérica.
Por: Dr. José Guadalupe Estrada Rodríguez.
El idilio de Latinoamérica con sus autoproclamados salvadores ha chocado, con la sutileza de un tren sin frenos, contra la prosaica realidad de la gestión pública. La izquierda regional llegó al poder envuelta en poesía revolucionaria, confundiendo la afortunada lotería de los altos precios internacionales de las materias primas con su propio y deslumbrante genio financiero; pero cuando el mercado mundial cerró el grifo, descubrieron con espanto que los discursos de barricada no pagan la nómina pública ni detienen la hiperinflación. Tras dejar a sus países sumidos en el estancamiento y ahogados en deuda, el electorado, agotado de financiar la utopía con su propio bolsillo, ha girado hacia la derecha suplicando por algo tan extraordinario como un simple contador público que sepa sumar y restar.
A este naufragio económico se suma su enternecedora estrategia de seguridad: combatir las balas con seminarios de sociología o manifestaciones de amor (abrazos). Mientras los gobiernos pontificaban sobre las «causas estructurales» de la violencia y trataban al sicario como una víctima incomprendida del sistema, el crimen organizado agradeció el gesto instalando administraciones paralelas a la vista de todos. Sobra decir que el ciudadano de a pie, cansado de financiar con extorsiones la inacción del Estado, corrió a los brazos de los conservadores y su promesa de «mano dura», demostrando que el instinto de supervivencia es un elector mucho más pragmático que la ideología.
Sin embargo, la verdadera obra maestra de esta debacle ha sido la fulminante demolición de su arrogada superioridad moral. Pasaron décadas señalando con dedo inquisidor la codicia ajena, solo para que, al recibir las llaves de la tesorería nacional, nos demostraran que su fobia al modelo capitalista desaparecía milagrosamente al contacto con los maletines atascados de sucios dólares americanos enviados por constructoras amigas y las transferencias a paraísos fiscales; resultaron ser tan voraces como las oligarquías que juraron destruir, pero adornados con una retórica de mártires.
Al final, el mapa electoral latinoamericano es el reflejo de una ironía predecible: ha quedado en evidencia una incapacidad casi genética para administrar la realidad, confirmando que son extraordinarios directores de orquesta mientras están en las gradas gritando cómo se debe tocar, pero un absoluto desastre cuando les entregan la batuta.
El avance de la derecha no es necesariamente un despertar conservador en el continente, sino el crudo voto de castigo de sociedades hartas de padecer el experimento de quienes, en su monumental soberbia, creyeron que gobernar un país requería el mismo rigor técnico que organizar una protesta estudiantil.
¿Capisci?
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