ColumnasDr. Guadalupe Estrada R.

La crisis que ya está (conclusión).

La crisis que ya está (conclusión).

Por: Dr. José Guadalupe Estrada Rodríguez.

En la cantaleta pasada haciámos un análisis exhaustivo de los ingresos – egresos de la Federación para el ejercicio fiscal 2025. Anotábamos puntualmente que se tenía una recaudación de $ 5 billones 351,680 millones de pesos; y que, catastróficamente hablando, los gastos ascendian a nada más y nada menos que $ 10 billones 186,202 millones de pesos, lo que nos daba un déficit fiscal anual de -$4.83 billones de pesos, o lo que es lo mismo, pero no es igual, dice un afamado cantante popular, el Estado mexicano está gastando el equivalente al 190.34% de sus ingresos fiscales, lo que significa que prácticamente la mitad del presupuesto nacional se está financiando mediante la contratación de nueva deuda.

Ya sé que algunos dirán, y a mí qué carajos, me tiene sin cuidado lo que deba el pelotero gobierno, etcétera, pero ahí les va nuestras calamitosas predicciones, es decir, lo que nos va a pasar si seguimos con este ritmo de gasto – endeudamiento infernal.

Si el gobierno mexicano no realiza un ajuste drástico e inmediato a esta política fiscal (a través de una reforma fiscal integral que aumente la recaudación y un recorte sin precedentes al gasto), el país enfrentará un colapso financiero en el corto plazo, actualizándose los siguientes mecanismos económicos:

Habrá un espiral de deuda y pérdida de grado de inversión, ya que para financiar un déficit anual de 4.8 billones de pesos, el gobierno debe emitir bonos masivamente. Los mercados, al ver la insostenibilidad, exigirán tasas de interés cada vez más altas. Las agencias calificadoras (Moody’s, S&P, Fitch) inevitablemente recortarán la calificación soberana de México, perdiendo el Grado de Inversión. Esto obligará a los fondos institucionales internacionales a vender masivamente bonos mexicanos.

Es inminente la fuga de capitales y depreciación cambiaria, pues ante el riesgo de impago (default) o monetización de la deuda, los inversionistas retirarán sus capitales del país. Esto provocará una caída abrupta y violenta en el tipo de cambio, depreciando el peso mexicano de manera acelerada.

Se vendrá una inflación descontrolada, pues con un peso devaluado, el costo de las importaciones (gasolina, alimentos, manufacturas) se disparará. Si el Banco de México se ve presionado para financiar al gobierno (monetización del

déficit), la inflación podría alcanzar niveles de dos dígitos altos, destruyendo el poder adquisitivo de la población y neutralizando por completo el valor real de las pensiones y apoyos sociales que hoy causan el déficit.

Al absorber todo el crédito disponible en la economía para financiarse, el gobierno dejará sin financiamiento al sector privado (empresas y familias). Las tasas de interés comerciales se volverán prohibitivas, paralizando la inversión privada, la creación de empleo y el consumo, hundiendo al país en una profunda recesión con alta inflación (estanflación).

Ante la insolvencia inminente, el Estado podría recurrir a medidas desesperadas y perjudiciales para la certidumbre jurídica, tales como la imposición de impuestos extraordinarios, confiscatorios, terrorismo fiscal, o el congelamiento de fondos, afectando severamente el entorno de negocios y la seguridad jurídica patrimonial de los ciudadanos.

El cuadro fiscal presentado para 2025 (y para los años que vienen) es matemáticamente insostenible. Gastar casi dos pesos por cada peso ingresado, destinando la deuda mayoritariamente a gasto corriente y pago de intereses previos, constituye un esquema Ponzi a nivel soberano. Sin una corrección inmediata, profunda y políticamente costosa, México se dirige hacia una crisis de balanza de pagos y de deuda soberana catastrófica, con consecuencias devastadoras para el bienestar económico, la estabilidad social y la seguridad jurídica de la nación en un plazo muy corto.

A los hechos futuros apelaré.

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