Frente a la delincuencia que cayó como “efecto cucaracha” los gobernantes zacatecanos han sido incapaces de ejercer el liderazgo que les corresponde, todo dejan en manos de los designados para la tarea y estos hay se las arreglan como pueden, uno de los saldos de sus omisiones es la facilidad con la que los gobernantes de entidades vecinas usan a Zacatecas para disimular sus propias carencias cuando si a esas vamos, la situación es exactamente al revés, el movimiento delictivo de Rio grande, Nieves, Juan Aldama y Miguel Auza, así como el de Jiménez del Téul, Chalchihuites, Sombrerete y Saín Alto, es direccionado desde Durango, como desde Jalisco nos llega la pesadilla que se sufre en Apulco, Nochistlán y ambos cañones.
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