ColumnasDr. Guadalupe Estrada R.

Sobre la Perversión.

Sobre la Perversión.

Por: Dr. José Guadalupe Estrada Rodríguez.

En su insigne e indispensable texto “Las Leyes Fundamentales de la Estupidez Humana”, el maestro Carlo M. Cipolla nos ilumina con una verdad innegable: las acciones humanas, y por ende los especímenes que las perpetran, caen irremediablemente en cuatro categorías: los incautos, los inteligentes, los malvados (o perversos, para que suene más elegante) y los estúpidos.

La taxonomía es maravillosamente sencilla. Los incautos son esas almas cándidas que benefician al prójimo a costa de su propia ruina; los inteligentes logran el milagro de ayudar a los demás mientras se sirven con la cuchara grande; los malvados, en su egoísmo puro, se procuran un beneficio aplastando a quien se les cruce; y, en el fondo del barril, los estúpidos causan daño ajeno sin sacar el menor provecho, o peor, perjudicándose a sí mismos.

Aunque Cipolla dedica su magistral ensayo a desmenuzar la estupidez humana en todo su apoteósico esplendor, hoy nos detendremos a diseccionar a los malvados o perversos, pues de esta fina ralea están atiborradas nuestras ilustres clases políticas, tanto de aquí como de allá. Hablamos de esos entrañables prójimos que, para avanzar y engordar sus carteras, no dudan en llevarse entre las patas al resto de sus congéneres. Si aún no le cae el veinte, basta con observar el teatro cotidiano de este particular grupo en nuestro país: son capaces de empujar a la nación entera por el despeñadero con tal de retener su adorada parcela de poder, la cual ya administran como si fuera su patrimonio personal.

Y para muestra, un bochornoso botón. En días recientes, a propósito de una de esas discusiones de «altos sesos» en nuestra Suprema Corte de Justicia de la Nación, a cierta Ministra – Jumenta (y que usted ya tendrá perfectamente identificada) se le ocurrió pregonar a los cuatro vientos (pues su pecho no es bodega) que sería justo y necesario establecer un gravamen sobre las herencias, legados y Afores. ¿Su iluminado argumento? Que recibir un patrimonio sin sudar la gota gorda reproduce desigualdades. Así, con la mano en la cintura, la susodicha defendió que gravar con ISR las Afores y el patrimonio familiar heredado es un fabuloso mecanismo para redistribuir la riqueza, escandalizada de que alguien reciba una herencia así nomás, sin que sea producto de su propio esfuerzo.

Haciendo a un lado las estériles discusiones sobre la «justicia constitucional» (si es que tal quimera aún existe en México), las cuales dejaremos a los leguleyos para no enredarnos en la técnica legal de tan alumbrados jurisconsultos, no se deje engañar. Este entuerto no es una simple inocentada ni una mentecatez recurrente de la aludida. Nada de eso: estamos ante un acto de perversión magistral, digno de las mentes más retorcidas del universo. Y ojo, seguramente la perversa idea ni siquiera es de nuestra multicitada ministra, pues es de dominio público que sus cerriles entendederas no dan para hilar tan fino.

Analícelo con frialdad: el objetivo real y directo de esta propuesta es asestar un hachazo patrimonial a la sociedad, arrebatando a los beneficiarios un porcentaje gigantesco del valor de sus herencias. ¿El beneficio? Evidentemente, para la camarilla que hoy detenta el poder. Que nadie sea tan ingenuo para creer que lo recaudado se repartirá para redistribuir la riqueza o en inversiones productivas. La cruda realidad, dictada por los números y el sentido común, es que las finanzas nacionales ya superaron los números rojos para instalarse en el «colorado diablo». Necesitan exprimir esa riqueza ajena para que el circo no cierre y el show continúe. Al inminente futuro me remitiré.

estradagp@hotmail.com