Resistencia al cambio en el sector público

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*Marco Vinicio Flores Guerrero

La sociedad como organización es dinámica, sometida de manera natural al cambio constante, a la transformación y todo lo que en ella se desarrolla sufre esa misma suerte, las relaciones sociales, los procesos políticos, el sistema económico, los valores culturales, las organizaciones públicas o privadas y sus modelos están en un vaivén de renovación, transición, evolución, mutación o como queramos llamarle, nada está estático.

El servicio público no es la excepción, el cambio es parte inherente a la organización del estado, del gobierno, a nivel municipio, las necesidades pese a ser básicas la manera en la que se presentan encuentran variaciones, ejemplos de esos son las leyes que se reforman o se crean, cada año la administración estatal, revisa y perfecciona sus programas, en los municipios las disposiciones administrativas cambian, sus prioridades de atención se van adaptando, en función de los avances o de condiciones presupuestales. 

En muchas ocasiones en el sector públicos, los cambios o transformaciones son motivadas y en otros casos son obligadas, como ha sucedido en la pandemia provocada por el covid 19, que fue una condición coyuntural que nos obligó a adaptarnos a nuevas condiciones.

Sin embargo, hay un común denominador, el cambio motivado u obligado genera incertidumbre, miedo, e incluso resistencia en quienes somos parte de él. A través del tiempo nos acostumbramos a actuar a realizar las cosas de una manera, y creamos hábitos y rutinas, incluso caemos en uno de los errores más graves de toda organización ya sea pública o privada, ya sea a nivel municipal u organizaciones de productores, en organizaciones sociales, que es la decadencia o el inmovilismo y salir de estos nos causa conflicto, nos saca de nuestra llamada zona de confort.

Esta práctica común dentro de la burocracia dicho sea de paso, no necesariamente significa que se ofrezca un mal trabajo; pero queda claro que no cumple con las expectativas de quien requiere de los servicios ofrecidos dentro de una u otra dependencia donde laboramos; los procesos tienen que adaptarse a los avances tecnológicos, a las mejoras administrativas, a mayores restricciones presupuestales, para poder ofrecer mejores resultados.

El cambio en las organizaciones, más que un modelo, es una práctica de trabajo, que debemos adaptar sin complejos y sin miedos a perder la comodidad que nos arroja la zona de confort, no sólo por eficiencia sino como exigencia de la sociedad, quien ve que estamos siendo rebasados.

Se crean secretarias, direcciones, se suprimen otras, se impulsan nuevos programas, se ofrecen nuevos servicios como los pagos en línea, se dan nuevas regulaciones, como las provocadas por el covid, se tipifican nuevos delitos, como los cibernéticos, o la violencia política contra las mujeres, es decir, es una multiplicidad de ejemplos que nos hablan de cómo se transforma el sector público.

Motivar sacar a los servidores públicos de esa zona de confort se convierte en un reto mayúsculo, lleno de procesos complejos, con soluciones creativas pero sobre todo modernas, adecuadas al servicio, para ofrecer calidad, eficiencia y rapidez, de no ir en este barco, sólo dejamos de manifiesto que somos prescindibles para el sector público.

Los trabajadores se mueven como pez en el agua en esa área de comodidad, con variables como: realizar las cosas de una misma manera, infinidad de tareas burocráticas; el miedo a lo nuevo a lo desconocido o con procesos que no abonan a al fin de los objetivos de las dependencias o entidades, lo que hace más difícil implementar estrategias que nos permitan avanzar.

Creo que en muchos casos, más que intentar cambiar una forma de trabajar dentro de las oficinas gubernamentales de cualquier nivel (municipal, estatal y federal), tenemos que dar un golpe de timón a la “actitud”, ya que servimos a los demás, ofrecemos nuestro trabajo y capacidades para dar soluciones y resultados.

Al dar este importante paso hacia el cambio de actitud, podemos adentrar al personal en una nueva dinámica, para realizar las cosas de mejor manera, mostrando otra cara. Este es un proceso largo que debe ser bien planificado; los grandes proyectos no se cristalizan de la noche a la mañana, pero con constancia y perseverancia se puede avanzar.

Paralelo al cambio de actitud, se implementa otra parte de suma importancia: la capacitación; así no dejamos de lado las herramientas a nuestro alcance para hacer más eficientes los procesos dentro de nuestra actividad.

Todo debemos englobarlo y lo hacemos desde nuestro ámbito, dentro de una estrategia, que nos permite revisar los procesos y comenzar a evaluar resultados. Desterremos el miedo al cambio con altura de miras, decisión y confianza en los fines colectivos que son superiores a los individuales, nada de inmovilismo, parálisis o decadencia, en las instituciones públicas.

*Director General del ISSSTEZAC