El valor del perdón

 

 

  “El perdón es mejor que el castigo”

Pitaco, Rey de Mitilene (640-568 a. C).

 

Cuando hablamos de perdón tenemos que hacerlo con mucha delicadeza, ya que es un tema muy delicado al que en ocasiones preferimos ignorar. Así mismo es difícil darle una definición concreta al perdón, sí buscamos el origen de la palabra encontramos que probablemente proviene del prefijo per- (acción completa y total) y donare (regalar), siendo así el perdón un acto de completa dadiva o generosidad por parte del que perdona, el origen del verbo perdonar podría significar: “Regalar definitivamente a un acreedor el deudor de aquello que le debía”

Basándonos en la definición anterior podrimos afirmar que el perdón es vivir con el recuerdo, disculpar a otro por una acción considerada como ofensa, renunciando eventualmente a vengarse, o reclamar un justo castigo o restitución, optando por no tener en cuenta la ofensa en el futuro, de modo que las relaciones entre ofensor perdonado y ofendido perdonante no queden más o menos afectadas. Si bien lo dicho anterior puede sonar algo rebuscado nos parece interesante centrarnos en la relación que tiene el perdón con el “hace justicia”. ¿Qué justicia se busca con el perdón? ¿Con quién o quienes intentamos ser justos cuando buscamos perdonar?

Perdonar implica dejar a un lado resentimientos, implicar deshacernos de los deseos de castigo al otro, implica renunciar a la búsqueda de la venganza. Pero ¿Cómo podemos lograr esto? ¿Basta con simplemente hacer a un lado todo? ¿ignorar nuestros sentimientos en aras de que el otro se sienta cómodo? La mayoría de las veces no logramos perdonar debido al orgullo, es muy complicado aceptar que nosotros nos equivocamos y que en el proceso herimos a otros, básicamente es el problema central del perdón, creemos que al perdonar al otro nosotros valemos menos, nos vemos frente a una realidad que es muy difícil de aceptar.

El perdón no debe confundirse con el olvido de la ofensa recibida. El que no se siente ofendido no perdona, por lo que otras personas considerarían una ofensa. Tampoco perdona quien deja de sentirse ofendido tras las explicaciones del presunto ofensor que hacen ver la inexistencia originaria de ofensa alguna. El perdón parece ser un beneficio para el perdonado, pero también sirve al que fue ofendido (que también está interesado en ver recompuestas total o parcialmente sus relaciones con el ofensor y en ocasiones cumple al perdonar una obligación moral o religiosa) y a la sociedad, pues contribuye a la paz y cohesión sociales y evita espirales de venganzas, motivo por el que religiones y diversas corrientes filosóficas lo recomiendan. En pocas palabras perdonar no implicar omitir aquello que se debe hacerse, no se busca ignorar un castigo sino tolera, aconsejar y corregir.

 

Dicho todo lo anterior sería interesante que en este año que comienza uno de nuestros propósitos sea buscar el perdón de aquellos que hayamos ofendido o si es el caso buscar perdonar a aquel que nos ofendió, ya que el valor del perdón radica en las acciones que cada uno de nosotros realizamos para buscarlos, en dejar a un lado el orgullo, los resentimientos y aquellas emociones y pensamientos negativos que nos llevan a buscar dañar al otro para que se sientan como nosotros lo hicimos cuando fuimos ofendidos, recordemos la vida es efímera, y en ocasiones buscamos resolver las cosas cuando es demasiado tarde, aprovechemos el tiempo.

Más aun investigaciones consideran que los propósitos no se llevan a término debido a situaciones inconclusas o porque hay algo que es necesario perdonar empezando por nosotros mismos reconciliar, cerrar ciclos y volver a empezar finalmente el perdón es un regalo incondicional a nosotros mismos.