La estrategia de la Ostra, el valor del crecimiento postraumático

 

  • Una ostra que fue herida produce perlas…

 

Paulo Daniel Acero

 

En estos 3 años de brindar terapias y acompañamiento en duelo, tras acompañar a centenares de familias, se hizo evidente para mí, que allí donde hubo sufrimiento, un trauma, una carencia, una experiencia adversa la persona tiene la capacidad de transformar ese evento en una capacidad, en una competencia que redunde en crecimiento.

En este tenor Acero (2014) explica: “Las perlas son productos del dolor, resultado de la entrada de una substancia extraña o indeseable en el interior de la ostra, como un parásito o un grano de arena. He aquí la explicación que relata el mismo autor en su libro La estrategia de la ostra: Las ostras tienen una estructura y consistencia frágil, suave y vulnerable, aunque tengan un caparazón resistente, sin la concha no podrían sobrevivir, necesitan de esta para alimentarse y respirar.

Justo en ese momento cuando realizan la función vital para ellas ocurre lo inesperado, un grano de arena que flota en el mar ingresa y se convierte en parte de su vida para siempre. Ese grano por ser ajeno a su cuerpo, cuando se introduce en su organismo les produce un gran dolor. Posteriormente argumenta, aunque la ostra no lo puede expulsar no se vuelve áspera para evitar sentirlo, tan solo reacciona cubriendo lentamente la partícula con una mezcla de cristales de carbonato de calcio y una proteína llamada conchiolina, formando la sustancia conocida como nácar.

El molusco hace como si abrazara y aceptara que el grano ya es parte de su vida, una capa otra capa, así hasta que se genera algo muy bello en el lugar donde se produjo la herida aparece una perla como resultado de la respuesta de la ostra al sufrimiento. Además, sucede que tras haber sufrido la herida por el ingreso del grano de arena la ostra tiene la opción de encerrarse en la concha y continúa abriéndose para seguir respirando y vivir pese al riesgo de que ingrese otro grano y le ocasione otra herida.

De este relato se pueden sacar varias conclusiones a manera de reflexión y es que este proceso se asemeja al proceso de duelo que casi siempre aparece de manera repentina sin previo consentimiento con una estela de dolor y sufrimiento muchas veces, entonces es un buen ejemplo para vivir el proceso de duelo donde en lugar de huir o rechazar el dolor  implicar vivir el momento aceptándola como parte de uno mismo, para que la propia vida sea transformada lentamente, lo que realmente es un trabajo de amor.

Considerando que lo que yo hago hoy se inscribe en mi historia de vida, los invito a hacernos tres preguntas para reflexionar: 1 ¿Cuál es mi perla? 2 ¿Cuál fue mi herida? y 3–¿Qué produzco cuando soy herido?

Si has sufrido varias heridas ¡produce perlas! Cubre esas heridas con varias capas de amor, perdón, comprensión y aceptación.

¡Hagamos patente que el amor triunfa sobre el dolor!