De fusiones nucleares

Por: Dr. José Guadalupe Estrada Rodríguez

Con esa sonrisa de suficiencia pragmática y hasta cínica, si se quiere, propia de los seres humanos que rondan las ocho décadas de existencia en plena salud física y mental, el Presidente de los Estados Unidos de América se congratuló del éxito científico obtenido en un laboratorio en aquéllos lares al haberse logrado con ganancias energéticas el hito de la fusión nuclear.

“Logro científico histórico”, “Este día acabará en los libros de Historia”, “Estamos ante uno de los logros científicos más impresionantes del siglo XXI”, “La fusión nuclear será la fuente inagotable de energía limpia”, frases por el estilo pudimos escuchar y leer en declaraciones que parecían como si la humanidad hubiese encontrado la fuente de la eterna juventud o hubiese descubierto alienígenas interestelares.

Las manifestaciones anteriores de dieron en el contexto de un logro sin precedentes realizado por un equipo de científicos en la Instalación Nacional de Ignición del Laboratorio Nacional Lawrence Livermore en California, Estados Unidos, este pasado 5 de diciembre, laboratorios del tamaño de un estadio deportivo que están equipados con 192 láseres que, enfocados en un punto, producen energía capaz de calentar objetos o substancias a temperaturas de millones de grados Celsius, como la que existe en nuestro sol.

Recordemos que la fusión nuclear se propicia cuando dos núcleos poco densos de átomos sometidos a elevadísimas temperaturas se unen (fusionan) formando un núcleo atómico más pesado. En esta reacción se libera gran cantidad de energía que puede ser aprovechada para infinidad de propósitos, como puede ser la generación de energía eléctrica y, en general, el movimiento de turbinas. La particularidad es que la energía liberada por esta reacción no produce desechos radiactivos, como en el caso de la fisión nuclear que actualmente mueve centrales eléctricas y cuyos desechos son un grandísimo problema para el medio ambiente. Por esta razón, las ventajas de la producción de energía teniendo como fuente la fusión nuclear son más que evidentes, pues los elementos utilizados para lograrla (como el hidrógeno y otros) son virtualmente inagotables y baratos, a la par, que como ya se dijo, no se produce afectación al ambiente por residuos radioactivos.

Si bien es cierto la fusión nuclear ya se había logrado de manera relativamente reciente, esta es la primera vez que en el “encendido” de la reacción correspondiente, se gastó menos energía que la que se produjo, siendo esta aproximadamente un 50% más, es decir, lo que se considera como una ganancia energética. También es cierto que todavía falta mucho por desarrollar para poder tener reactores de esta naturaleza, pues existen muchos desafíos técnicos por superar para poder tener pequeños soles produciendo energía de manera inagotable y limpia.

De estos hechos y circunstancias sucintamente narrados podemos extraer innumerables enseñanzas para nuestros cortos entendimientos, más allá de lo propiamente técnico o científico, pues, por decir algo, mientras aquélla sociedad, su comunidad científica y hasta los líderes políticos están apostando por un futuro a 50 años (adelante), aquí, por estos andurriales, triste realidad, queremos retrasar el reloj de la historia esos mismos 50 años, pero, como malamente se repite, para atrás, apostando por retrocesos en las instituciones electorales que nos han dado una esperanza democrática, y, en la materia de esta arenga, la cuestión nuclear y energética, queriendo seguir quemando petróleo, carbón y, al parecer, en un descuido, hasta leña, y no es broma lo que se anota.

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