Un bufón en la Corte.

 

Por: Dr. José Guadalupe Estrada

Seguros estamos de que uno de los principales problemas existenciales y causa de infinitas frustraciones humanas son las consecuencias que se provocan cuando no se materializa eso que llamamos “expectativas”, entendiendo por este último concepto la esperanza de realizar o conseguir algo, o bien, aplicada a los acontecimientos ajenos o de terceros, como la posibilidad razonable de que algo suceda, acorde con deseos e intereses personales.

Ejemplos sobran, y allí tenemos la gran cantidad de divorcios y separaciones maritales cuando aquélla tierna, desinteresada, fina y exquisita persona que conocimos en los lances propios de los cortejos adolescentes, resultó ser alguien muy diferente a quien esperábamos, con comportamientos propios de una lavandera de barrio jodido y con los intereses más abyectos en materia de solidaridad de pareja. O bien, cuando iniciábamos una carrera profesional y nos imaginábamos como aquéllos abogadazos despachando en el último piso, con vista panorámica y departamento de soltero incluido, de la torre comercial más cara y mejor vigilada de Paseo de la Reforma o de Interlomas, y resultamos que, no nos alcanza ni para la renta de un cuchitril que está lejos de ser siquiera una oficina donde se atiende a los clientes, y la comunidad legal nos tiene catalogados como unos tinterillos marrulleros con estrategias torcidas en los tribunales y con discursos propios del Cantinflas de las películas de la llamada época de oro del cine mexicano.

Lo anotado sarcásticamente viene a colación por la tremenda desilusión, generalizada en la comunidad judicial y legal, respecto de las puntadas realizadas por el mismísimo Ministro Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación en las redes sociales, y particularmente en la plataforma de Tik Tok, donde hemos sido testigos, de viva voz y de cuerpo presente, de esas potenciales ridiculeces, donde vemos a un desenfadado leguleyo, con tintes de bufón o cortesano de una Corte Europea, que lo mismo nos da una nítida remembranza sobre sus gustos personales sobre la lucha libre mexicana, exponiéndonos sus particulares admiraciones de tal o cual luchador, que sobre sus inclinaciones musicales, donde son anotadas en primer término las cantantes norteamericanas de muy buen ver, excelsos bustos, piernas bronceadas y voces de muñecas falsas, o bien, donde teatraliza cursis sensibilidades por los caninos animales o su tristeza profunda porque ha perdido su equipo de futbol favorito.

Es precisamente la exhibición video filmada de estos ridículos mensajes del susodicho, los que causan un fiasco con sabor a desengaño, pues lo que uno esperaría, es decir, lo que comentábamos al principio, de un Ilustrísimo personaje como el aludido, titular de uno de los tres Poderes de la Unión, encarnación, por designio constitucional, de la Justicia en este país, encargado de velar, sin dormir, por supuesto, de los Derechos Humanos, de las Garantías Individuales, y en, fin, de que no existan atropellos de ricos contra pobres y de abusadores contra abusadas, decíamos, la expectativas que teníamos (en riguroso tiempo pasado), es que este servidor público nos explicara, de manera sencilla, en esos Tik Toks, por ejemplo, el por qué algunos asuntos trascendentes para la vida y la regularidad democrática nacional tienen ya casi cuatro años sin resolverse, durmiendo el sueño de los justos en sus amplísimos e impolutos escritorios, o bien, que nos ilustre sobre las estrategias que está implementando al interior del funcionamiento de los órganos jurisdiccionales, los cuales, tienen criterios tan dispares, diferentes y aberrantes en casos similares e iguales como galaxias hay en el universo, o bien, que igualmente nos informara, porque debe informar al pueblo, de todos aquéllos cuestionamientos de inconstitucionalidad de muchísimas leyes federales y locales, reglamentos, acuerdos presidenciales y más, que se han planteado y que, olímpicamente, ha retrasado o de plano bateado cual novillero que huye del ruedo despavorido al ver la mole que se le viene encima.

Y no, su Eminente Señoría, no se trata de conectar con los jóvenes por conectar, sin una finalidad clara e ilustrativa, o de criticarlo por criticarlo cuando utiliza las nuevas tecnologías y las redes sociales, lo que aquí estamos hablando es que el contenido de sus mensajes corresponda a la alta investidura que le otorga eso que se llama Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que se vista con el traje y la talla que le ajuste adecuadamente. Nada más.

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